No cabe duda que el egocentrismo de algunos ediles en Poza Rica no tiene límite, pues tal parece que lo verdaderamente importante para ellos ya no es gobernar ni legislar, sino conseguir “likes”, reacciones y reflectores en las redes sociales; es decir, que la gestión pública se ha convertido en un espectáculo cuando la imagen termina pesando más que los resultados.
En Poza Rica hay quienes parecen haber confundido el cargo de regidor con el de creador de contenido, ya que cada actividad, por sencilla que sea, termina convertida en una producción para las plataformas digitales, donde lo importante no parece ser el beneficio para la ciudadanía, sino quién obtiene más atención.
Y es que esta semana, durante el programa “Miércoles de Puertas Abiertas”, la regidora Gabriela Palacios publicó un video en el que compra una canasta de pan para posteriormente repartirla entre personas que se encontraban en la explanada municipal; un gesto que por sí mismo podría interpretarse como un acto de solidaridad, pero que pierde buena parte de su esencia cuando el principal objetivo parece ser exhibirlo ante las cámaras.
Existe una frase muy conocida: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”, pues la verdadera ayuda social no necesita producción audiovisual ni campañas de autopromoción; la solidaridad cobra mayor valor cuando nace de la convicción y no de la necesidad de obtener reconocimiento público.
Más allá de un video o una publicación, la ciudadanía espera de sus representantes resultados concretos, ya que los regidores fueron designados para proponer soluciones, supervisar el funcionamiento del gobierno municipal, presentar iniciativas y representar los intereses de la población; esa es la función que los ciudadanos esperan ver reflejada en su trabajo cotidiano.
Pero tal parece que eso no lo sabe la flamante regidora Gabriela Palacios, pues su egocentrismo lo único que le permite ver es que su imagen se siga promocionando en las redes sociales, y ahora como si se tratara de la Madre Teresa de Calcuta.
Además, en un municipio que enfrenta múltiples carencias, la expectativa ciudadana va mucho más allá de los actos simbólicos. Si un servidor público desea ayudar con recursos propios, está en su derecho de hacerlo, pero esa ayuda adquiere mayor significado cuando se realiza sin convertirla en una estrategia de promoción personal.
Porque si de verdad a la regidora Gabriela Palacios le naciera ayudar, ya habría donado un mes de su salario a una noble causa; porque hasta eso, con el súper salario que percibe, comprar una canasta de pan es como quitarle un pelo a un gato.
Los ciudadanos no eligieron a sus representantes para que compitieran por popularidad en redes sociales: los eligieron —o en algunos casos llegaron mediante los mecanismos de representación proporcional previstos por la ley— para trabajar, fiscalizar, proponer y dar resultados, algo que no se les debe olvidar.
Al final, las redes sociales pueden construir una imagen, pero difícilmente sustituyen el trabajo institucional. Y cuando la política se convierte en espectáculo, quienes terminan pagando el costo son siempre los ciudadanos.
