Convivía con los antiguos mexicanos de diversas culturas como compañero incondicional de su propietario, incluso después de su muerte, pues se creía que acompañaba a sus dueños a transitar el camino hacia el Mictlán -el inframundo o sitio del eterno descanso- y servía como ofrenda funeraria para sus amos.

El término xoloitzcuintle se origina del náhuatl: xólotl, extraño y de la palabra itzcuintli, perro.

En la mitología mexica, Xólotl era el dios de la transformación, de los gemelos o lo doble, la oscuridad nocturna, lo desconocido, lo monstruoso y la muerte; era considerado el hermano gemelo y contraparte del dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, quien representaba la vida, la luz y el conocimiento. Ambos dioses encarnaban un rostro antagónico del planeta Venus en su tránsito frente al Sol.

Este perro tiene más de 7 000 años de antigüedad sin que el hombre haya intervenido en su generación‼️

‘Y después de pasados cuatro años, el difunto se sale y se va a los nueve infiernos, donde está y pasa un río muy ancho, y allí viven y andan perros en la ribera del río por donde pasan los difuntos nadando, encima de los perritos. Dicen que el difunto que llega a la ribera del río arriba dicho, luego mira el perro. Si conoce a su amo, luego se echa nadando al río, hacia la otra parte donde está su amo, y le pasa a cuestas.’

Algunos investigadores creen que ya se había domesticado hace más de 5 500 años. En América, el xoloitzcuintle era más que un simple animal; a este cánido se le consideraba un animal sagrado, un guardián y aliado trascendental.

El xoloitzcuintle estuvo al borde de la extinción durante la colonización europea debido a que los conquistadores hallaron en él una fuente de alimento inmejorable para sus expediciones y porque se buscaba eliminar las tradiciones religiosas relacionadas a este animal. De esta forma, esta raza fue obligada a guarecerse en la sierra de Oaxaca y Guerrero, donde encontró refugio y sobrevivió durante cientos de años valiéndose de sus instintos.

ESTAMPAS DE MÉXICO

Por ALF