Llamada de Emergencia
Por Gustavo García Salazar
Este 29 de agosto cumplo seis años escribiendo y compartiendo mi punto de vista sobre la prevención, las emergencias y la protección civil. Han sido seis años de asumir la responsabilidad que implica comunicar sobre temas en los que una información correcta puede ayudar a salvar vidas, mientras que una afirmación sin fundamentos puede generar confusión, miedo o indiferencia.
Cuando comencé a escribir, lo hice con una aspiración que algunos podrían considerar una utopía: lograr que todos tengamos, por lo menos, las bases de la protección civil. Que sepamos cómo prevenir un accidente, cómo actuar ante una emergencia, cuándo evacuar, cómo solicitar ayuda y qué hacer durante esos primeros minutos en los que una decisión puede cambiarlo todo.
Sigo creyendo en esa utopía. No como un sueño imposible, sino como una meta colectiva hacia la cual debemos avanzar todos los días.
Vivimos en una región que conoce de cerca el riesgo. Los huracanes, las lluvias intensas y las inundaciones han golpeado a nuestra sociedad en distintas ocasiones. La reciente inundación volvió a recordarnos, de la forma más dolorosa, que los desastres no son historias lejanas ni situaciones que solamente les ocurren a otros. El riesgo está presente y puede transformar nuestras vidas en cuestión de minutos.
Por eso, comunicar sobre prevención no puede reducirse a publicar recomendaciones cuando una tormenta ya está encima o cuando el agua comenzó a entrar en las viviendas. La prevención tiene que construirse antes, desde las familias, las escuelas, los centros de trabajo, las instituciones, las autoridades y los medios de comunicación. Debe convertirse en cultura y formar parte de nuestras decisiones cotidianas.
Escribir sobre estos temas representa una enorme responsabilidad. Ser crítico es necesario, porque guardar silencio ante las fallas, las omisiones o la falta de preparación no ayuda a corregirlas. Sin embargo, la crítica debe ser objetiva y estar respaldada por hechos, normas, experiencia y fuentes confiables. No se trata de señalar por señalar, de generar miedo o de aprovechar una tragedia para conseguir atención. Se trata de exponer aquello que debe mejorar y, siempre que sea posible, proponer soluciones.
La crítica sin bases se convierte en ruido, y la información sin responsabilidad puede convertirse en un riesgo más. Quienes comunicamos sobre emergencias debemos entender que nuestras palabras influyen en la percepción y en las decisiones de la población. Un dato impreciso puede provocar alarma; un rumor puede entorpecer una operación, y una recomendación equivocada puede poner vidas en peligro. Por eso debemos verificar antes de publicar, reconocer cuando no contamos con todos los elementos y corregir con la misma claridad con la que informamos.
Ser objetivo tampoco significa ser indiferente. Detrás de cada cifra existen personas, familias, pérdidas y vidas que merecen respeto. Podemos hablar con firmeza sin perder la sensibilidad; cuestionar a las autoridades y a las instituciones sin descalificar a quienes sí cumplen con su deber, y reconocer los avances sin dejar de señalar lo que todavía falta.
Durante estos seis años he comprendido que escribir sobre prevención no siempre significa decir lo que todos quieren escuchar. En ocasiones implica incomodar, romper mitos y recordar que las buenas intenciones no sustituyen la capacitación, que el valor no reemplaza al equipo adecuado y que improvisar durante una emergencia puede tener consecuencias irreversibles.
También he confirmado que la Protección Civil no es responsabilidad exclusiva de bomberos, paramédicos, rescatistas o autoridades. Es una responsabilidad compartida. Comienza cuando una familia prepara su plan de emergencia, cuando una escuela realiza simulacros con seriedad, cuando una empresa identifica y corrige sus riesgos, cuando una autoridad atiende las advertencias técnicas y cuando un ciudadano verifica la información antes de compartirla.
Si una columna consigue que una persona prepare una mochila de emergencia, aprenda primeros auxilios, revise las condiciones de seguridad de su hogar o comprenda la importancia de atender una alerta, entonces escribir ha valido la pena. Tal vez una publicación no transforme por sí sola a toda una sociedad, pero puede sembrar una idea; y una idea llevada a la práctica puede salvar una vida.
Hoy renuevo mi compromiso de continuar comunicando con libertad, sentido crítico, objetividad y bases. Seguiré reconociendo lo que se hace bien y señalando aquello que debe corregirse, porque comunicar responsablemente también es una forma de servir.
Mi propósito continúa siendo el mismo: contribuir a que la prevención deje de ser un discurso que recordamos después de una tragedia y se convierta en una forma de vida. Quizá alcanzar una sociedad plenamente preparada parezca una utopía, pero cada persona informada, cada familia organizada y cada riesgo atendido nos acercan un poco más a ella.
Porque prevenir también es salvar vidas, y comunicar con responsabilidad es el primer paso para lograrlo.
¡Gracias por acompañarme en estos 6 años esperando llegar a muchos más!
Nos leemos el próximo lunes.
@llamada de emergencia
