Descontento entre maestros

A casi un mes de la devastadora inundación que afectó a varias colonias de nuestro municipio, la realidad contrasta fuertemente con la versión oficial que se ha intentado difundir a nivel nacional.

Mientras las autoridades municipales y estatales presumen que la contingencia ha sido atendida al cien por ciento, los propios habitantes afectados hacen públicas sus quejas; es decir, calles olvidadas, drenajes colapsados y basura acumulada demuestran que la atención ha sido insuficiente.

El problema no se limita únicamente al desazolve de los sistemas de drenaje o a la limpieza de las colonias. La falta de un plan de contingencia organizado ha derivado en la creación de basureros clandestinos, algunos incluso a espaldas de escuelas.

Tal es el caso de la primaria Alfonso Arroyo Flores, en la colonia La Floresta, que sigue totalmente afectada y rodeada de un foco de contaminación a cielo abierto. Padres de familia y maestros han tenido que buscar recursos propios para contratar empresas que puedan sanear el plantel, mientras el regreso de los alumnos a las aulas se retrasa indefinidamente.

Lo más lamentable es que, ante esta situación, algunos funcionarios parecen más preocupados por su imagen y por “hacer maletas” en las semanas finales de su gestión, que por resolver los problemas que heredarán a la próxima administración.

Así, quienes entren al cargo deberán remar contracorriente, enfrentando un escenario complicado que podría haber sido prevenido con responsabilidad y planeación. Esta contingencia pone en evidencia la ignorancia, el desconocimiento y la ineptitud de quienes hoy ocupan cargos de decisión, pero también representa un desafío para la sociedad civil, que se ha visto obligada a asumir la tarea que las autoridades no han cumplido.

La verdadera prueba de gestión, entonces, no será la que se haga en los anuncios oficiales, sino la que enfrente la próxima administración al retomar colonias inundadas, escuelas destruidas y drenajes colapsados.

Si algo queda claro es que, mientras algunos celebran cifras y comunicados, los ciudadanos continúan pagando el precio de la negligencia. La reconstrucción no se mide en discursos, sino en calles limpias, drenajes funcionales y aulas seguras. Y ahí es donde se verá, finalmente, la capacidad real de gobernar con eficacia.