Plaza Cívica

La evaluación en tiempos de pandemia

Enrique Fernández Ramírez

El presente ciclo escolar 2020-2021 ha transcurrido en su totalidad fuera de las aulas, debido a la contingencia sanitaria provocada por el Covid-19. Alumnas y alumnos han llevado a cabo sus actividades educativas en casa, ya sea mediante alguna plataforma digital o a través del teléfono celular vía whatsapp. Maestros y alumnos han desarrollado actividades tanto de aprendizaje como de evaluación. Estamos a dos semanas de concluir el curso y el dilema que se les presenta a los docentes es ¿Cómo acreditar a los estudiantes? ¿Qué calificación le asignaremos en la boleta? ¿Cuáles son los criterios de acreditación?

En su momento, las autoridades educativas les darán las indicaciones, emanadas desde la Secretaría de Educación Pública, para dar respuesta a estas interrogantes. A partir de estas indicaciones, los maestros podrán tomar las decisiones más pertinentes para determinar qué es lo que asentarán en la boleta de calificaciones al finalizar el ciclo escolar.

Sin embargo, en este ciclo escolar atípico, los docentes deben tomar en cuenta los logros de los aprendizaje obtenidos durante la educación a distancia. Para ello es importante valorar los niveles de comunicación y participación demostradas en las actividades propuestas a los estudiantes.

Conviene tener presente que los maestros y maestras tuvieron dificultades, algunos más que otros, para implementar la educación desde casa. Muchos de ellos experimentaron una duplicidad de gestión educativa al atender, por una parte, los requerimientos e indicaciones emanadas desde la SEP, que consistían en brindar acompañamiento a los estudiantes en la realización de las actividades derivadas de las clases transmitidas por la televisión.

Y por otra, la carga administrativa requerida por sus instancias escolares inmediatas (dirección de la escuela, supervisión escolar) como son planeaciones didácticas muy detalladas, informes sobre el desarrollo de los procesos educativos a distancia, recopilación de “evidencias”, evaluaciones, entre otras.

Esta sobrecarga de trabajo en lugar de facilitar y favorecer el desarrollo de la educación de los niños, lo entorpeció y lo hizo poco eficiente. Los docentes se saturaron de actividades  administrativas que tenían que cumplir como requisito para justificar su trabajo ante sus autoridades, en detrimento de la verdadera labor educativa que tenían que desarrollar en función de la formación de sus alumnos.

Así, el proceso educativo proyectado desde la SEP se desvirtuó, al derivar en actividades generadoras de “evidencias” para cumplir con el cúmulo de documentos solicitados por sus jefes inmediatos. Los esfuerzos de gran parte del magisterio se enfocaron en cumplir con la autoridad, en lugar de garantizar el derecho a la educación de las niñas y los niños.

No obstante, hay maestros que además de cumplir con los requerimientos administrativos, decidieron comprometerse seriamente con la educación de sus alumnos, demostrando de esa manera mayor dedicación profesional. Se esforzaron por mantener comunicación constante con sus niños, diseñaron actividades significativas, impartieron clases en línea, grabaron videos sobre diversos temas, realizaron búsqueda de información y elaboraron materiales educativos. Además, mantuvieron estrecha comunicación con los padres de familia

En casa, los alumnos y padres de familia también resintieron el cambio de modalidad educativa. Avasallados por una gran cantidad de actividades a realizar, los niños vieron ocupadas la mayoría de las horas del día en elaborar tareas, que debían enviar por diversos medios electrónicos a sus profesores. Muchas de estas actividades las realzaron con la ayuda de sus padres. Aunque hubo casos en los que fueron los propios padres quienes directamente realizaron las tareas para “cumplir” con la entrega a tiempo.

Por otra parte, hay familias en las que los niños no realizaron ni enviaron las actividades, por diversas causas. Algunos no tuvieron ningún medio para estar en comunicación con sus maestros. Estos niños on las más desfavorecidos socioeconómicamente y a quienes la pandemia está afectando severamente en su educación. Para compensar estas carencias, la Secretaria de Educación de Veracruz elaboró unos cuadernillos de actividades didácticas que lo niños realizaron en casa y los maestros les dieron seguimiento pedagógico.

El impacto en lo económico también afectó a las familias. Tuvieron que realizar el pago de fotocopias de cuadernillo de actividades, gastos de conectividad a internet, compra de dispositivos electrónicos, pues muchas familias carecían de  estos equipos básicos para la educación a distancia.

Como se puede advertir, ha habido un gran esfuerzo y empeño por parte de maestros, alumnos y padres de familia. Cada uno en su ámbito de acción, cumplieron con sus funciones en la medida de sus posibilidades, dadas las condiciones impuestas por la pandemia. Es pertinente valorar estos niveles de participación y comunicación en su justa dimensión.

Durante este proceso educativo en casa, los docentes desarrollaron actividades de evaluación formativa, lo que se denomina en la actualidad como evaluación para el aprendizaje. Con base en el análisis y valoración de las actividades realizadas, ofrecieron realimentación oportuna a sus alumnos y, a partir de los resultados, hicieron ajustes a su plan de enseñanza. Todo con el propósito de lograr la autorregulación del aprendizaje y la motivación en los alumnos.

Corresponde ahora, en la recta final del curso, realizar actividades de evaluación con fines de acreditación. Lo que también se denomina evaluación sumativa o evaluación del aprendizaje. En esta etapa, los docentes tienen la tarea de integrar la suma de valoraciones efectuadas durante el curso, a fin de determinar el grado con que los aprendizajes esperados se alcanzaron, otorgar calificaciones y registrarlas en una boleta de evaluación oficial.

Seguramente este proceso final tendrá características especiales, pues evaluar en tiempos de pandemia, resulta una actividad muy compleja.

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