La Navidad como fundamento del humanismo
Enrique Fernández Ramírez
La Navidad es la fiesta tradicional más popular en el mundo, independientemente de sus implicaciones religiosas. Es la época en el que afloran los sentimientos fraternos entre los seres humanos de todos los confines. Es tanta la importancia de la Navidad que en las regiones donde había guerras, esa noche se establecía una tregua y se suspendían las actividades bélicas. Es una noche de Paz. Es la fiesta de la vida, es el renacer del ser humano. Es la celebración del nacimiento del Hombre por excelencia.
Aunque el mundo consumo ha invadido con su mercadotecnia esta fiesta, el significado fundamental de esta fecha no podrá opacarse. Principalmente porque ha marcado un hito en el transcurrir del tiempo, el cual se ha dividido en dos eras: antes de Cristo y después de Cristo. Históricamente es de una importancia inobjetable.
En el plano de la ética, la Navidad es el memorial de quien sentó las bases del humanismo, al privilegiar la dignidad del ser humano por sobre los aspectos materiales que lo rodean. En la satisfacción de las cuatro necesidades fundamentales para la vida en la que fundó su doctrina, se resumen los principios éticos de la convivencia humana. Dar de comer al que tiene hambre, dar de beber al sediento, dar vestido al desnudo y dar casa al peregrino.
Sin embargo, solo quien tiene amor por el ser humano es capaz de realizar estas acciones. Es el amor, pero el amor sin concupiscencia, diría Walter Benjamin, lo que mueve al sujeto a responsabilizarse por los demás. Es el detonante para potenciar la relación sujeto-sujeto en todas las dimensiones con la finalidad de producir, preservar, desarrollar y reproducir la vida, que es el fundamento de la ética. No obstante, es necesario educar a las nuevas generaciones en este sentido.
Como pretensión de formación del educando, el humanismo es uno de los criterios de la educación en la Ley General de Educación, en lo que respecta a la Nueva Escuela Mexicana. En el párrafo tercero del capítulo III, dice que la educación “Será humanista. Al fomentar el aprecio y respeto por la dignidad humana de la personas, sustentado en los ideales de fraternidad e igualdad de derechos, promoviendo el mejoramiento de la convivencia humana y evitando cualquier tipo de privilegios de raza, religión, grupos o de personas.”
Cuánta falta hace este tipo de formación. Qué bien que ya esté contemplada en la ley este fundamento para la implementación de prácticas educativas enfocadas a este propósito. El problema es llevar a cabo un proceso de sensibilización y capacitación de los docentes con un buen andamiaje de formación ética.
La Navidad nos recuerda que Dios vino al mundo, se hizo humano y nació en un bebé. Este acontecimiento es fundacional de muchas religiones y teorías filosóficas humanistas. Indiscutiblemente nadie es capaz de negar su amor a un Dios. Pero éste no sólo es una idea o un concepto; no es algo que está flotando en el ambiente. Dios no es algo: es alguien, y está en nuestro prójimo.
Emmanuel Levinás desarrolló toda una teoría filosófica basada en la alteridad. Sustenta su estudio en la interpelación del “otro”, del prójimo. Sostiene que nadie puede permanecer indiferente ante la exclamación de alguien que diga: “¡Tengo hambre!”. Porque ante esta expresión nos sentimos interpelados, conmovidos, alterados. Y nos sentimos responsables de brindar ayuda. Es la sensibilidad del humanismo.
Que esta Navidad sea propicia para sensibilizarnos ante las necesidades humanas fundamentales de quienes nos rodean. Necesidades de afecto, de solidaridad, de compañía, de apoyo, de amor fraterno. Es imprescindible luchar por la construcción de un mundo mas justo, más humano y donde prevalezca la paz.

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