Un acercamiento al modelo educativo híbrido
Enrique Fernández Ramírez
La pandemia del coronavirus, que ha causado estragos en la humanidad de manera cruel, tomó por sorpresa a los Sistemas Educativos (SE) quienes se vieron en la necesidad de cerrar los centros educativos como medida de contención de los contagios de la enfermedad. La escuela no pudo evitar evidenciar su incapacidad y su falta de previsión en relación con la contingencia que requería de respuestas pertinentes para salvaguardar la salud, y al mismo tiempo preservar la educación de los infantes.
Sin embargo, con las limitaciones impuestas por la falta de previsión, de capacitación docente adecuada y carencia de recursos tecnológicos, de maestros y de alumnos, el magisterio enfrentó las adversidades derivadas de la pandemia, para no ver interrumpidos los procesos de aprendizaje de los estudiantes.
La crisis sanitaria y el confinamiento pusieron al descubierto que hay otras alternativas posibles a las clases presenciales; que la escuela y los maestros son capaces de adaptarse a nuevas formas de vivir y educar cuando es necesario, en aras de garantizar el derecho a la educación de los niños.
Este nuevo escenario coloca a los docentes ante la necesidad de integrar nuevos esquemas de actuación pedagógica del que deriven practicas educativas pertinentes, acordes a los desafíos actuales para garantizar el derecho a la educación y la transformación de la educación y de la vida de los estudiantes.
Para cumplir este doble propósito, el de salvaguardar la salud y el de garantizar la educación, es necesario diversificar la atención a los educandos. Por una parte, evitar la aglomeración de todos los alumnos en el aula, y por otra, propiciar en ellos los aprendizajes fundamentales del currículum.
Las circunstancias actuales de la nueva realidad educativa exigen integrar las modalidades de educación presencial y a distancia. Se han realizado diversos esfuerzos sin que se haya logrado integrar del todo las bondades de estas dos modalidades. Por ello el término híbrido pretende ser la categoría que las articule integralmente en un modelo, dadas estas condiciones.
En la educación presencial la intervención del maestro es clave por la abundancia de interacciones que suceden en los procesos de comunicación; tiene que ver con la postura, la expresión facial, la voz, las pausas, las intenciones, aceptación o negación de las personas. El docente tiene una percepción inmediata del grupo y puede retroalimentar, hacer observaciones, comentarios y profundizar en temas que lo requieran.
En tanto que en la educación a distancia, el maestro pone a disposición de los alumnos diversas formas de presentar los contenidos, flexibiliza los tiempos para aprender y las formas de organización para acceder al conocimiento. Cobra gran relevancia el dialogo didáctico que se establece entre el alumno y el maestro como mediador, quienes ubicados en espacios y tiempos diferentes, aprenden de forma flexible, independiente y colaborativa.
Para construir ambientes de aprendizaje híbridos es necesario reconsiderar o deconstruir las concepciones atávicas de los docentes; pasar de entornos rígidos y esquematizados de aprendizaje a ambientes integrados, continuos, flexibles que favorezcan en los estudiantes la autonomía para aprender y la construcción activa de conocimientos. Estos procesos requieren no sólo la enseñanza sino el acompañamiento de los docentes en la aventura de aprender.
En este tipo de enseñanza se combinan varias modalidades de aprendizaje, presencial, a distancia y aprendizaje autónomo. La modalidad de aprendizaje a distancia puede ser sincrónico o asincrónico, de acuerdo con las necesidades de los estudiantes.
También, dentro de este paradigma, es importante conceptualizar el aprendizaje como un proceso recursivo, permanente y complejo. De ninguna manera es lineal, pues aprender implica varios procesos como a preparación para el aprendizaje, la construcción del conocimiento y la consolidación del mismo, vía la ampliación y aplicación de lo aprendido.
Este forma de trabajo pedagógico rompe con los esquemas anquilosados de la didáctica tradicional y pone en cuestión las dicotomías que por mucho tiempo han prevalecido, como la educación formal en contraposición a los aprendizajes relevantes para la vida, la educación presencial y la educación a distancia, el papel del que enseña y del que aprende.
Del mismo modo se requiere del diseño de situaciones y problematizaciones auténticas y desafiantes que propicie en los alumnos procesos constructivos en las modalidades presencial, virtual y aprendizaje autónomo. Implica también estudio individual y aprendizaje colaborativo en dinámica grupal.
La metodología didáctica en esta lógica presencial-distancia requiere la configuración de actividades que se articulan, integran y complementan entre sí. De esta manera, unas actividades dan sentido y preparan para las otras. Las actividades presenciales recogen lo aprendido y construido en la modalidad a distancia y es aprovechado en su dinámica grupal.
Otro factor importante en este modelo es el tiempo, pero no el tiempo cronológico, sino el tiempo pedagógico. En la dimensión temporal del proceso de aprendizaje hay una pluralidad de tiempos que se ponen en juego de manera conjunta en la educación: tiempo de lectura y estudio, tiempo para la construcción de conocimiento, tiempo de autoexpresión constructiva, tiempo del error como parte de la conjetura y la búsqueda, tiempo del juego, entre otros.
El tiempo que transcurre en la escuela solo se transforma en tiempo pedagógico cuando en su transcurso se crea una atmósfera propicia para las experiencias de aprendizaje, tiempo dedicado a producir vivencias del placer de estar aprendiendo.
Finalmente, interesarse en las preguntas que formulan los niños y concederles la iniciativa para realizar las actividades; dar prioridad a los aprendizajes que los alumnos desarrollan de manera independiente a su propio ritmo y tiempo, son acciones que desarrollan el aprendizaje autónomo.
Los maestros deben considerar que no se deben seguir utilizando modos de enseñanza tradicionales y que las actividades que organizan en el aula o a distancia deben ser distintos en la medida que produzcan verdaderas experiencias de aprendizaje.

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