OTRA MÁS DE ROGELIO QUIROZ

¿QUIÉN MANDA EN LAS CALLES DE P.R.?

El actual gobierno municipal de Poza Rica, que gracias a Dios está a punto de llegar a su fin, será recordado por muchos no por sus logros, sino por la conducta reprobable de varios de sus integrantes, a quienes difícilmente se les puede llamar de otra forma que no sea patanes; personajes a los que nunca les enseñaron lo que significa la educación y el respeto, particularmente hacia las mujeres, comenzando —según se comenta en los pasillos del poder— por quien aún dirige los destinos del municipio.

En esta ocasión, el reflector apunta directamente al regidor Rogelio Quiroz Pulido, quien durante la sesión de Cabildo de esta semana fue señalado de manera clara, directa y sin rodeos, por la regidora Lesli Ortiz, por presunta violencia política en razón de género; el tema, hay que decirlo, no es nuevo ni circunstancial.

De acuerdo con lo expuesto por la edil, esta situación se ha venido arrastrando desde el inicio de la administración municipal, señalando que Quiroz Pulido se ha dedicado de manera sistemática a denostar su trabajo y su imagen, únicamente por el hecho de ser mujer, minimizando sus aportaciones y tratando de desacreditar su labor dentro del Cabildo. Lo grave del asunto no es solo el señalamiento público, que ya de por sí es delicado, sino que refleja una práctica normalizada dentro de un gobierno que está por irse, pero que deja una estela de agravios, especialmente contra quienes han alzado la voz y exigido respeto.

La violencia política en razón de género no es un asunto menor, ni una “diferencia de opiniones”, como algunos intentan justificar: es una conducta sancionable, que exhibe el atraso político y social de quienes aún creen que el poder se ejerce a base de gritos, descalificaciones y machismo; Poza Rica está a punto de cerrar un capítulo oscuro de su historia política.

Ojalá que lo que viene no solo represente un cambio de nombres, sino un verdadero giro en la forma de hacer política, es decir, con respeto, civilidad y, sobre todo, con dignidad hacia las mujeres que participan en la vida pública. Porque gobernar no es imponer, y mucho menos denigrar.