En 1519, Hernán Cortés desembarcó en la Villa Rica de la Vera Cruz, el español venia junto con una flota conformada por 10 barcos, los cuales se presumen fueron hundidos en costas mexicanas.

Años después, 500 para ser exactos, el titular de la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Roberto Junco Sánchez, junto con el arqueólogo estadounidense, Christopher Horrell, emprendieron el proyecto de arqueológico en la “Tras los pasos de Del Paso y Troncoso y los barcos hundidos de Cortés”.

Y es que fue en esa costa de lo que hoy se conoce como Villa Rica, que Cortés ordenó hundir sus embarcaciones, con esto logró controlar a la tripulación y dar a saber que no existía otra opción más que la de seguir rumbo a Tenochtitlan, en el altiplano de México.

Junco conoce muy bien el área en donde se realizan los trabajos, pues en el 2018 realizó la primera expedición y localizó un ancla del Siglo XV que tiene restos de una madera que los expertos fecharon entre 1417 a 1492, y detectaron que corresponde a un roble endémico de la cornisa cantábrica al norte de España.

Sin embargo, el investigador no echa las campanas al vuelo con el hallazgo del ancla la cual no ha sido extraída del fondo del mar. Con prudencia asegura que “no hay indicios para vincularla con los 10 barcos hundidos por Cortés ni tampoco con las embarcaciones de Pánfilo de Narváez y otros exploradores ibéricos que desde ese año atracaron regularmente”.

EL DICTAMEN

Por ALF