La batalla contra el huachicoleo que inició el Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador es una novedad para casi todo el país, pero no para Puebla. Junto con el estado de GuanajuatoPuebla es, para el Gobierno de la República, un foco rojo por el robo de hidrocarburo. Sin embargo, el huachicoleoo la extracción de hidrocarburo ha sido parte de la rutina para los poblanos desde principios de esta década, cuando eran gobernados por Rafael Moreno Valle Rosas —quien murió el pasado 24 de diciembre del 2018 en un accidente de helicóptero con su esposa, la recién electa Gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo y tres personas más—.

Miles de poblanos viven sobre el líquido que amenaza con explotar y terminar con la Nación Huachicol, en la que casi a diario hay un incendio y enfrentamientos. En la plaza se han afincado Los Zetas, aprovechándose de la pobreza y necesidad de la gente para entrar al negocio. Ahora, la disputa por el robo de combustible involucra al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Los habitantes de los municipios de Puebla en donde se han detectado tomas clandestinas o venta ilegal de combustible argumentan que se convirtieron en huachicoleros orillados por la pobreza.

En este delito no sólo están involucrados los pobladores y el crimen organizado, sino también las autoridades y elementos policiacos, quienes deberían velar por la legalidad y el Estado de Derecho; sin embargo, el negocio huachicolero les resulta muy lucrativo.

Hoy, el país entero habla del huachicolPeriódico Central publicó hace casi dos años —en marzo de 2017— este reportaje firmado por la reportera Karen Meza. Las cosas no han cambiado en el territorio poblano desde entonces.

Las estrategias como el cierre de ductos, realizadas durante el periodo de Gobierno de Tony Gali Fayad (2017-2018) en Puebla, no ayudaron mucho. Los huachicoleros se extendieron a delitos como el robo a los vagones de trenes, a vehículos dedicados al transporte de carga o, en algunos casos, comenzaron con el robo de gas licuado de petróleo (LP), lo que provocó emergencias como la ocurrida en la mega fuga de gas LP la madrugada del pasado miércoles 12 de septiembre del 2018, en el norte de la capital poblana. Ese día, más de 4 mil poblanos fueron evacuados mientras se contenía la fuga en la calle Camino a Tlaltepango.

Al cierre de 2018, el estado de Puebla se estuvo a la cabeza entre los rankings nacionales de delitos como robo de hidrocarburo, robo de gas y robo de trenes de cargas. De acuerdo con los reportes de Petróleos Mexicanos (Pemex), Puebla mantuvo un nada honroso primer lugar en robo de hidrocarburo y tomas clandestinas por encima de Hidalgo y Guanajuato.

En cuanto a gas LP, Puebla junto con Tlaxcala concentraron durante el 2018 un total de pérdidas de 2 mil millones de pesos y 9 mil toneladas del combustible, según la Asociación Mexicana de Gaseros (Amexgas).

Respecto al robo de trenes, Puebla también es un foco rojo y se mantiene también entre los primeros lugares. Según el reporte de seguridad en el sistema ferroviario, realizado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Hasta el tercer trimestre del 2018, se registraron 384 robos durante el 2018, con lo que se pelea a Guanajuato el primer sitio en cuanto a porcentaje de robos.

LA NACIÓN HUACHICOL

En Puebla, el cuarto estado más pobre del país, una veintena de municipios se dedican al robo y comercialización de combustible que extraen ilegalmente de los ductos de Pemex. En la Nación Huachicol, los campesinos se convirtieron en ladrones de combustible, las familias venden al por mayor la gasolina que albergan en sus casas y jóvenes y niños aprenden el oficio de halcones.

Periódico Central recorrió el Triángulo Rojo ―que se ha extendido a la Franja del Huachicol― en donde logró entrevistar a ladrones de combustible, halcones y cantantes de corridos que hacen la música que refleja la huachicultura.

El diario quehacer de los llamados chupaductos, y su relación con la comunidad y las autoridades, ha generado simbolismos identificables, los cuales reafirman una identidad huachicolera y, por ende, una cultura que habla por sí misma.

La huachicultura ha normalizado el robo de hidrocarburo, la música que narra sus historias, los juegos de los niños que anhelan crecer como ladrones de combustible, los rezos al Santo Niño Huachicolero, la vestimenta característica y la forma de vida de los habitantes.

Pueblos completos se dedican al robo de hidrocarburo; vigilan, participan en las tomas y adiestran a los más jóvenes para ser los ojos que alerten de las llegadas de extraños o de las autoridades.

Hasta hace unos años, la mayoría de los pobladores se dedicaban a la siembra y tenían ingresos de entre 60 y 120 pesos diarios. Ahora, con el huachicol, ganan hasta 800 pesos; no se les paga con dinero, les pagan con galones de gasolina.

En Puebla fueron detenidos dos alcaldes por su presunta relación con el robo de hidrocarburo. El pasado 10 de marzo de 2017, Isaías Velázquez Reyes, Alcalde de Atzitzintla, fue detenido junto con 86 personas más por estar coludidos con la banda “Los Bukanas” —una ramificación del grupo Sangre Nueva Zeta—, responsables de la ejecución de tres agentes de la Fiscalía Especializada de Investigación en Delitos de Alto Impacto (FISDAI).

Velázquez Reyes fue liberado el 24 de agosto del 2018 del penal de mediana seguridad de Tepexi de Rodríguez; su salida ocurrió en total sigilo después de 17 meses de su detención, ocurrida en el Operativo Encrucijada.

Un segundo Alcalde detenido fue Pablo Morales Ugalde, el 5 de julio del 2017 en Orizaba, Veracruz, por la Procuraduría General de la República (PGR), acusado del delito de uso de recursos de procedencia ilícita. El 10 de octubre del 2018, Pablo Morales quedó en libertad luego de que un juez federal consideró que no había suficientes pruebas en su contra.

SINEMBARGO

Por ALF