En alguna ocasión dijo Stendhal que Nápoles era la ciudad más bella del mundo por la cantidad de maravillas que alberga debajo, sobre y en su vieja y sorprendente superficie.
Interior de la Capilla de Sansevero
Las calles de Nápoles están plagadas de mitos, tesoros arqueológicos y de belleza natural y callejeando por ellas podemos descubrir rincones, iglesias y obras de arte que nos van a enamorar para siempre.
Unos de esos ejemplos es La Capilla de Sansevero, una capilla del siglo XVI en la que se exhibe arte sacro italiano como esculturas de mármol y misteriosas obras de arte de anatomía. Un lugar lleno de misteriosos ya que fue un espacio masónico dado a la investigación y a ceremonias de iniciacion.
La Capilla Sansevero cuenta con una colección ecléctica de arte sacro italiano. Uno de los duques de la ciudad, Francesco di Sangro, construyó esta capilla como muestra de agradecimiento a la Virgen María por curar su enfermedad.
En la capilla se exhiben delicadas obras de escultura de mármol como el Cristo Velado. También se pueden encontrar frescos, solería de mármol elaborada de forma minuciosa y obras de arte de anatomía con todo lujo de detalles.
El Cristo Velado es la obra de arte más famosa de la capilla. Esta obra de 1753 representa a Jesucristo muerto, que yace sobre el suelo con un fino velo que cubre su cuerpo. El artista, Giuseppe Sanmartino, es famoso por la forma en la que trabajó el velo de mármol de forma que pareciera transparente.
Muchas otras de las estatuas de esta capilla datan de mediados del siglo XVIII. Contempla los colores y todos los detalles del fresco La Gloria del Paraíso de Francesca Maria Russo. Aún se conservan partes del suelo original. Su diseño es similar a un laberinto y se creó utilizando mármol blanco y negro. La obra de Francesco Celebrano simboliza el difícil camino a la iluminación.
De esa misma época -Ilustración intelectual y Barroco artístico- son el resto de las esculturas veladas de esta capilla. El italiano Antonio Corradini fue el pionero y gran maestro de este tipo de figuras. Es autor de obras como La modestia, 1752.
Otra de las esculturas que más llaman la atención de esta capilla es El desengaño del italiano Francesco Queirolo, 1752. No es una figura velada, pero tiene la misma dificultad. O quizá más.









