Hoy hace 50 años “Light my fire” llegó al número uno en EU. John Densmore, baterista de The Doors, recuerda a su amigo El Rey Lagarto.
Hace medio siglo “Light my fire” logró emocionar pero también horrorizar a la sociedad de su época, una sociedad que no estaba acostumbrada al desenfreno o estridencia del rock psicodélico de sus autores, The Doors.
“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”—extraída de la película Horas de angustia (Knock on any door)— es quizá una de las frases que mejor englobarían a Jim Morrison, vocalista de la banda creada en 1965 en Los Ángeles, California, y cuya obra, a diferencia de la fugaz vida que tuvo el cantante se mantiene intacta, vigente y atemporal. Para John Densmore, miembro fundador de la banda y amigo de Morrison, lo que sucedió con The Doors es lo que pasaría con cualquier agrupación talentosa y exitosa: pagaron el precio de la fama y el éxito.
“Se suele creer que ser rockero es glamour, desenfreno, ostentosidad y placer, quizá no estén tan equivocados, pero también hay otra parte menos linda, un poco más oscura , en la que uno siempre debe lidiar con demonios internos y con una industria que siempre pide más de ti. Al final, todos los músicos pagamos un precio, de alguna u otra forma”, dijo Densmore en entrevista con EL UNIVERSAL.
