Cientos de árboles de naranja permanecen con las raíces expuestas en zonas ribereñas; productores piden apoyo técnico y recursos para rescatar sus plantaciones
Hipólito Moreno Tapia
Álamo, Ver.- Decenas de huertas citrícolas ubicadas en localidades asentadas a las márgenes de los ríos Pantepec y Vinazco enfrentan una situación cada vez más preocupante debido a los severos daños provocados por la erosión, tras los desbordamientos registrados en octubre del año pasado.
El problema no se limita a la pérdida de suelo: en varias parcelas, grandes extensiones de terreno quedaron literalmente deslavadas y con las raíces de los naranjos expuestas, poniendo en riesgo la supervivencia de los árboles y, con ello, el sustento de numerosas familias productoras.
Es el caso de parcelas de la localidad Vegas de la Soledad, donde la fuerza de la corriente del río Vinazco erosionó importantes superficies de terrenos cultivados.
“Hay afectaciones muy grandes. Los naranjos quedaron con las raíces por fuera y no sabemos qué va a pasar. Nos hace falta asesoría o vamos a perder muchos árboles frutales, pero principalmente de cítricos”, advirtió Martín Guerrero Ortuño, presidente del Comité del Muro de Contención, quien señaló que una situación similar se presenta en comunidades cercanas al río Pantepec.
La preocupación entre los productores aumenta debido a que, ante la magnitud de los daños, muchos carecen de los recursos económicos necesarios para recuperar el suelo, nivelar sus parcelas y realizar trabajos que permitan rescatar los árboles afectados.
A ello se suma la falta de asesoría técnica por parte de las autoridades del campo. Los campesinos señalaron que, hasta el momento, no cuentan con una orientación clara sobre qué medidas deben implementar para evitar que las próximas lluvias terminen por arrancar los árboles que todavía permanecen en pie.
El riesgo es mayor si se considera que la pérdida de suelo fértil podría convertirse en un problema de largo plazo y dejar improductivas parcelas que representan la principal, y en algunos casos única, fuente de ingresos para las familias de la región.
Guillermo Bustillos Vidal, líder agrario, expuso previamente que de las aproximadamente 40 mil hectáreas dedicadas a la citricultura en la región, al menos el 25 por ciento sufrió daños severos, afectando directamente a cientos de familias de localidades de la ruta Monte Chiquito.
En tanto, Rosaura Pérez, productora del ejido Ojital Ciruelo, relató que la corriente destruyó una parte importante de sus plantaciones y dejó a varias familias sin posibilidades de obtener cosecha este año. “Muchos árboles fueron arrancados completamente y otros quedaron dañados. Perdimos toda la producción”, lamentó.
Por su parte, el agrónomo Guillermo Gerónimo Reyes detalló que se reportaron mil 968 hectáreas dañadas por el río Vinazco tan solo en los ejidos Estación Chapopote, Ojital Ciruelo, Monte Chiquito, Vegas de Soledad, Vegas de Soledad II, La Constitución, Cuicuinaco-La Pedrera y San Fernando, afectando directamente a 656 productores.
Los campesinos consideran que el problema requiere atención urgente, pues cada árbol perdido representa años de trabajo y una inversión que difícilmente pueden recuperar por cuenta propia.
Advirtieron que, si continúa la falta de apoyo técnico y económico, existe el riesgo de que numerosas parcelas terminen abandonadas de manera definitiva, profundizando la crisis económica en comunidades que dependen de la producción citrícola y dejando a cientos de familias ante un futuro incierto.


