Unos minutos pueden cambiar una vida

POR: TUM. GUSTAVO GARCÍA SALAZAR.

Ayer, Poza Rica fue testigo de un hecho que nos estremeció a todos. Un conductor del servicio de taxi sufrió una emergencia médica mientras manejaba, perdiendo el control de su unidad. Más allá de las investigaciones que determinarán la causa oficial de su fallecimiento, este acontecimiento nos deja una pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿estamos preparados para ayudar cuando una persona sufre un paro cardiorrespiratorio?
La respuesta, en la mayoría de los casos, es no.
Vivimos con la idea de que las emergencias les ocurren a otros, hasta que un día suceden frente a nosotros: en la calle, en el trabajo, en la escuela, en un centro comercial o incluso dentro de nuestro hogar. En esos momentos, los primeros minutos son decisivos. Mientras llega una ambulancia, la vida de una persona puede depender de quienes se encuentran cerca.
Ahí es donde entra una de las herramientas más importantes que cualquier ciudadano puede aprender: la Reanimación Cardiopulmonar, mejor conocida como RCP.
La RCP es un conjunto de maniobras que se realizan cuando una persona deja de respirar normalmente y su corazón deja de bombear sangre de manera efectiva. Su principal objetivo es mantener la circulación de sangre hacia el cerebro y los órganos vitales mediante compresiones fuertes y rápidas en el centro del pecho, permitiendo que el oxígeno siga llegando a los órganos mientras arriban los servicios de emergencia o se utiliza un Desfibrilador Externo Automático (DEA).
Es importante entender que la RCP no “revive” por sí sola a una persona. Lo que hace es mantener la circulación de la sangre y ganar tiempo hasta que pueda brindarse atención médica avanzada. Cada minuto que pasa sin iniciar maniobras de RCP disminuye considerablemente las probabilidades de supervivencia, ya que el cerebro comienza a sufrir daños por la falta de oxígeno. En cambio, cuando un testigo actúa de inmediato, las posibilidades de supervivencia aumentan significativamente.
Precisamente por ello, quiero hacer un reconocimiento público a los paramédicos de Salud Municipal, José Flores y José Trinidad, quienes intervinieron realizando maniobras de Reanimación Cardiopulmonar durante la emergencia de ayer. Quienes conocemos el trabajo prehospitalario sabemos que en esos momentos no existe tiempo para pensar en el resultado; únicamente existe el deber de hacer todo lo humanamente posible por salvar una vida. Actuar con rapidez, técnica, serenidad y profesionalismo habla de una preparación constante y de una auténtica vocación de servicio.
En el caso de José Flores no tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero su actuación merece todo mi respeto y reconocimiento. A José Trinidad sí tengo el privilegio de conocerlo y me da mucho gusto ver su crecimiento profesional. He sido testigo de su evolución, de sus ganas de seguir aprendiendo, de prepararse y de superarse cada día. Lo ocurrido ayer demuestra que el estudio, la capacitación y la práctica siempre terminan reflejándose cuando más se necesitan. Independientemente del desenlace, ambos hicieron lo que dicta la ciencia, el protocolo y, sobre todo, su compromiso con la vida.
Sin embargo, esto no debe quedarse únicamente en felicitaciones. También debe ser un llamado para que el Gobierno Municipal continúe fortaleciendo e incentivando la capacitación permanente de todo su personal de emergencias. La actualización constante en RCP, primeros auxilios y atención prehospitalaria no representa un gasto, sino una inversión que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Pero la responsabilidad no recae únicamente en las instituciones. Como sociedad también debemos hacer nuestra parte. Que este hecho no quede solamente como una nota viral o una publicación más en redes sociales. Que nos deje una enseñanza sobre la importancia de aprender primeros auxilios y RCP. Cualquiera de nosotros puede convertirse, sin esperarlo, en el primer respondiente de una emergencia: un familiar, un compañero de trabajo, un vecino o un desconocido puede necesitar nuestra ayuda antes de que llegue una ambulancia.
Imagínese por un momento que quien cae inconsciente es su padre, su madre, su esposa, su esposo, un hijo o un amigo. En esos primeros minutos no importan los títulos, el oficio o la profesión; lo único que realmente importa es que haya alguien cerca que sepa reconocer una emergencia, pedir ayuda de inmediato e iniciar las maniobras correctas mientras arriban los servicios médicos. Esos minutos pueden representar la diferencia entre conservar una vida o enfrentar una pérdida irreparable.
Por ello, aprender RCP debería convertirse en una cultura. Así como aprendemos a conducir, a utilizar un teléfono celular o a desempeñar nuestro trabajo, también deberíamos dedicar unas horas a aprender una técnica que algún día podría salvar la vida de la persona que más queremos. Las escuelas, universidades, empresas, dependencias gubernamentales, sindicatos, organizaciones civiles y centros de trabajo deberían promover de manera permanente este tipo de capacitación. Una comunidad preparada siempre será una comunidad más segura.
Nunca sabemos cuándo tendremos frente a nosotros a una persona que necesite ayuda inmediata. Lo único que sí podemos decidir desde hoy es si estaremos preparados para actuar o si seremos simples espectadores de una tragedia.
El conocimiento salva vidas. Aprender RCP no convierte a una persona en paramédico; la convierte en alguien dispuesto a actuar cuando otros no saben qué hacer. Tal vez esa sea la mayor enseñanza que nos deja este lamentable acontecimiento: que el mejor homenaje que podemos hacer a quienes ya no están es prepararnos para que, cuando la vida nos ponga a prueba, tengamos el conocimiento, el valor y la capacidad de darle a alguien una segunda oportunidad. Porque cuando el corazón se detiene, cada segundo cuenta… y unas manos capacitadas pueden convertirse en la diferencia entre una historia que termina y otra que apenas comienza.
La capacitacion siempre costará menos que cualquier accidente
Nos leemos el próximo lunes
@llamada de emergencia

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