Papantla, Ver.- Una última llamada telefónica pactó la hora y lugar de entrega del rescate, lo que no sabían los incipientes delincuentes es que les seguían los pasos; la entrega del dinero y su escape estaban ya bajo la vigilancia de agentes encubiertos de la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS) y detectives de la Policía Ministerial, quienes no les perdieron la pista por un solo instante.

Tras privarla de su libertad la mañana del 27 de Diciembre, Lizbeth fue llevada al número 112 de la calle Sombrerete en la colonia Benito Juárez, aquí la mantuvieron en cautiverio, no hubo maltrato, no abusaron de ella, ni la dejaron de alimentar, sólo estuvo vendada de los ojos y amarrada de pies y manos, gran parte del tiempo.

Una sola amenaza le dieron: “gritas y hasta aquí llegaste, piensa en tu hija y tu familia”. En tanto, para sus familiares las horas comenzaron a pasar, la incertidumbre se hacía cada vez más grande, no encontraban una razón para que la delincuencia haya penetrado en su núcleo familiar y sucumbirlos de esa manera.

Las autoridades no tenían respuesta a las preguntas que ellos formulaban, policías de diversas corporaciones mantenían vigilancia en la calle Alejandro Vega, recorrían brechas, revisaban vehículos, pero no encontraban nada anormal. Y al fin, la mañana del 28 de Diciembre, en pleno día de los inocentes, la tan anhelada llamada de los secuestradores llegó.

Amenazas, gritos e insultos que apenas y duraron 20 segundos, se hicieron eternos para el padre de la joven, quien escuchaba a quien desde el otro lado de la bocina, le informaba que estarían en contacto para poder pactar la liberación, pero que fuera juntando todo el dinero que tuviera disponible, porque iba a necesitar mucho.

No hubo otra llamada, no hasta la noche del 30 de Diciembre, cuando preguntaron si ya tenían el dinero y pidieron medio millón de pesos por su liberación, un instante después la llamada se cortó. La desesperación era mayor, no sabían si Lizbeth estaba viva o muerta, si estaba bien o habían abusado de ella, no les dejaron escucharla, ni hablarle.

La comunicación se perdió por días, el año nuevo Lizbeth lo recibió privada de su libertad, sin su pequeña hija que no dejaba de preguntar por ella y sin su familia, que no tenía motivos para festejar y por temor abandonaron su vivienda. Fue hasta la mañana del jueves que se comunicaron de nuevo, la familia tenía sólo 65 mil pesos, cantidad que aceptaron los delincuentes.

“Volverás a recibir información” dijeron y nuevamente colgaron. Cerca de las ocho de la noche se acordó como punto de entrega del dinero la gasolinera Mora, ubicada en la calle Francisco Villa y la prolongación de la calle Cinco de Mayo, con ello, los secuestradores sellaron su destino, su juventud e inexperiencia fueron clave para que pudieran ser atrapados.

Las llamadas todo el tiempo fueron monitoreadas, pero la prontitud y corta duración no permitieron que se rastrearan, además se hicieron desde diversos números y todos eran desactivados después de cada enlace. El encuentro se realizó, el dinero en efectivo fue entregado y abordaron un taxi que ya los esperaba, la familia se retiró.

Dos vehículos siguieron a los delincuentes, tres más los esperaban en diversos puntos, y se sumaron a la caravana, algunos marcaron distancia, otros les siguieron los pasos de cerca, en ellos viajaban agentes especiales de la UECS y elementos de la Policía Ministerial, todo estaba listo, entradas y salidas de la ciudad estaban cercadas, no había modo de que escaparan.

Tal cual se pensó, los delincuentes llegaron sin escalas hasta la casa de seguridad, uno de ellos descendió y se introdujo, la unidad de alquiler esperaba afuera, las autoridades supieron que era el momento de actuar y comenzaron a pedir refuerzos, debía ser una operación limpia y sin errores, sólo había una oportunidad.

Pese a la pulcritud con que el operativo se estaba llevando a cabo, el ruletero se percató de lo que estaba pasando y aceleró a fondo, huyó sin ser detenido, todo estaba descubierto, no había tiempo, era el momento de actuar. Los elementos ingresaron fuertemente armados y tomaron por sorpresa a los secuestradores, quienes se preparaban para sacar a su víctima de la casa de seguridad.

Lizbeth entró en una crisis nerviosa, la venda le fue quitada de los ojos y escoltada por elementos de la UECS fue liberada, para más tarde ser devuelta a sus familiares. Los dos secuestradores fueron sometidos y enviados a las celdas preventivas escoltados por un fuerte dispositivo de seguridad, al que se sumaron elementos del Ejército y de la Policía Municipal.

La búsqueda del taxi se extendió por varias horas hasta entrada la noche, desde el momento en que se liberó a Lizbeth y se logró la detención, el inmueble quedó asegurado por elementos de la Policía Municipal quienes vigilaban que nadie pudiera pasar o se acercara al domicilio, estaban a la espera de Servicios Periciales.

Por motivos de seguridad y para no entorpecer la investigación, la identidad de los detenidos no se puede revelar, sin embargo, se sabe que uno de ellos es menor de edad y que fue invitado a participar por un amigo – el otro detenido-, mismo que desde hace algún tiempo forma parte de una banda dedicada al secuestro y que está siendo investigada, tras ser parcialmente desmantelada.

Uno de los detenidos dijo ser checador de taxis en el sitio de la calle Cinco de Mayo, justo donde el pasado domingo 15 de Octubre, elementos de la Policía Estatal detuvieron a una mujer, que se desempañaba en la misma actividad, pero en posesión de varias dosis de marihuana, razón por lo que ahora se encuentra recluida en el CERESO.

La Unidad Integral de Procuración de Justicia y la Fiscalía Especializada en Combate al Secuestro tienen mucho trabajo, deben desmarañar toda la información que puedan, por que urge erradicar a esta banda de secuestradores, que lleva una larga temporada operando y ha victimizado a un importante número de ciudadanos Papantecos.

Por ALF