“Lo importante es no bajarse del tren”

ESTO PARECE CUENTO

“El coleccionista de huesos”

POR: PAULO RUIZ.

Quién no recuerda la novela, llevada a la pantalla, El coleccionista de huesos. Una obra de Jeffery Deaver publicada en 1997, The Bone Collector. El protagonista es Lincoln Rhyme, el criminólogo forense más brillante de Nueva York, que busca atraparlo.

Hoy parece que en la vida política no hay uno, sino varios “coleccionistas de huesos” que surgen dentro del gobierno municipal y estatal.

Uno de los “villanos” que vuelve nuevamente es Ariel Lara Boussart, quien lleva pegado a la nómina desde la administración de Francisco Javier Velázquez, como director; repitió con menos reflectores con Fernando Remes en una subdirección y ahora regresa como director de Servicios Públicos.

No hay que desdeñar la experiencia; no dudo que el jubilado de Petróleos Mexicanos tenga conocimientos de cómo hacer su trabajo. Lo inexplicable es cómo confiar en alguien que durante tres administraciones no pudo resolver el problema del drenaje sanitario en la ciudad. Las variables son muchas y existe una sola constante: el funcionario. Pero cuando estás bien arriba, los resultados son lo de menos.

Otros de los funcionarios que vemos de nuevo entre las filas del Ayuntamiento son los exregidores José Jesús García Cruz, Daniel de Jesús Yáñez Hernández y Damiana Leticia Dimede Almora, quienes siguen pegados a la ubre del presupuesto, pese a su triste y mediocre trabajo como regidores, quienes empezaron como retractores de El Pulpo Remes y terminaron en su equipo.

Además, otros funcionarios como Tony Camargo, quien lleva las últimas tres administraciones dentro de la nómina; Pedro Escudero Alarcón —hermano del exdirector de Protección Civil— y otros funcionarios que también ya empiezan con su colección de “huesos”.

Insisto, no se cuestiona que hagan carrera política, ni se critica que busquen un espacio en el servicio público; son libres de hacerlo y la ley lo permite. Lo lamentable es que no se vean los resultados para la gente, pese a los reclamos, y que en muchos casos su puesto sea por simple compadrazgo, un pago de favores o únicamente por gritar más fuerte en los mítines.

Aquí, los “coleccionistas de huesos” no se esconden en las sombras; se exhiben a plena luz en el organigrama municipal, y el ciudadano es quien paga el costo de su colección, en tanto los problemas de la ciudad permanecen intactos, ya que la verdadera especialidad no es la gestión pública, sino el arte de no soltar jamás el hueso.

Mis redes: @PauloRuizMX

Por Redactor1