DR. IGNACIO ESPINOSA. Médico Internista. Tels. 782 8226352 y 7828880056
El primer deber del médico es educar a las masas, no precisamente prescribir medicamentos.
Wiliam Osler. Sir William Osler, (1849-Oxford, Inglaterra, 29 de diciembre de 1919) fue un médico canadiense y uno de los cuatro grandes profesores fundadores del Hospital Johns Hopkins. Osler creó el primer programa de residencia para el entrenamiento de médicos especialistas y fue el primero en llevar a los estudiantes de medicina del salón de clases al entrenamiento clínico en la cama del enfermo.
Es frecuentemente descrito como el padre de la medicina moderna y uno de los más grandes CERTEROS diagnosticadores con la utilización del interrogatorio, la exploración clínica y el estetoscopio. Hoy, el médico está abandonando la medicina clínica marca Osler y no se compromete en exponer un diagnóstico si no tiene estudios de laboratorio, radiografías, ultrasonido y resonancia magnética, y si estos estudios son normales cae en la prescripción de una farmacia completa, a ver cuál medicamento es cola y pega.
Los médicos al prescribir medicamentos somos responsables de explicar al enfermo los efectos benéficos y los nocivos, porque ningún fármaco es inocuo. Ningún medicamento es veneno, todos los medicamentos son venenosos, la diferencia está en la dosis, nos enseñó Paracelso allá por el año 1500. El estudio español sobre seguridad de los pacientes (APEAS) nos revelo que el 48.2% de los efectos adversos ligados a la asistencia sanitaria se debían a fármacos.
Es más, hasta un tercio de estos pacientes terminaría en el siguiente nivel asistencial a consecuencia de ello, es decir, peor que antes del tratamiento. Esto significa que se provoca más daño que beneficio, siendo el principio de no dañar la esencia del buen médico (Hipócrates antes de nuestra era). De todos esos daños que se provocan (yatrogenia), hasta un 70% son evitables.
Estas consecuencias se hacen aún más llamativas en la población anciana a consecuencia de su concomitancia con varios procesos, el uso de múltiples medicamentos y las alteraciones fisiológicas existentes en este grupo poblacional.
Ejemplo:
Recuerdo una paciente a quien asistía desde unos 30 años, antes, diabética. En un momento de su evolución empezó a elevarse ligeramente la creatinina con 1.4 mg, siendo lo normal de 1.2, sugiriendo daño incipiente, renal, pero sin manifestaciones clínicas por esa toxina. Alguien sin ser médico le dijo que eso era para diálisis. Le informé que aún no era para diálisis, que esa elevación no era significativa. Habría que vigilar su evolución.
El miedo había sido sembrado, supe por interpósita persona que acudió a un servicio de nefrología y que le darían tratamiento para proteger el riñón y le indicaron medicamentos para bajar la presión arterial con el objeto de proteger los riñones para que no subiera la creatinina. Ella no padecía de hipertensión arterial. Ya no me consultó, pero una persona cercana me siguió informando de la evolución.
Con el tratamiento para la presión arterial empeoró clínicamente, con mareos y dificultad para caminar, empezó a depender físicamente de sus familiares, pues ya no lograba realizar ni sus labores hogareñas sencillas. Los medicamentos para la presión arterial seguramente la tienen intoxicada, le dije a esa persona, porque en 30 años que la he tratado nunca ha padecido de la presión, y el riesgo es que al bajar la presión arterial disminuya la presión de filtración de los riñones, que en vez de normalizar la creatinina, se eleve, y que pronto le informen que necesita diálisis.
He visto muchos diabéticos que dizque para proteger los riñones les prescriben medicamentos para la presión alta aunque no padezcan de la presión y han empeorado el funcionamiento de sus riñones, con presión menor a 120/80, con elevación de creatinina hasta 3 o 4 miligramos, que se normaliza tan solo con eliminar esos medicamentos y normalizar la presión arterial.
¿Tanto así?
Me cuestionó la informante, pero me dicen que la está atendiendo un especialista en los riñones.
¿Por qué no lo siguieron viendo a usted?
Porque los pacientes son libres de buscar otra opinión, le respondí, y yo no me opongo a eso, de hecho, cuando le dije que para mí no necesitaba diálisis con 1.4, le dejé entrever que era libre de buscar otra opinión. Le dije que esa cifra de creatinina se puede normalizar con tratamiento y que en su caso podría elevarse pero muy lentamente en varios años en que no necesitaría diálisis.
He visto casos a los que con tratamiento médico se les retrasa la diálisis hasta por 5 o 7 años, con buena calidad de vida, ya que algunos mueren de otra complicación y no de los riñones. Dos meses después la informante me dijo: “Tal como usted dijo, ya la están dializando y se ve muy mal”. Yo de meticha le comenté por qué no lo volvían a consultar a usted. Pero me dijeron: “Ya la está viendo un especialista”. Y ya mejor me callé. A los 9 meses de haber iniciado la diálisis me informó que había muerto. Casi todos los médicos tienen su enfermedad favorita.
Decía Henry Fielding (1707-1754), novelista y dramaturgo británico, conocido por sus escritos satíricos. Este caso confirma esta lapidaria sentencia.
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