TAQUICARDIA

Por FABIÁN MARTÍNEZ

Cuentan las malas lenguas que hay jóvenes aprendices de políticos que ya descubrieron que en este noble oficio un buen apellido puede ser más útil que una buena trayectoria. Y es que, para algunos, aquello de “es un error no mamar de la ubre presupuestal” parece haberse convertido en toda una filosofía de vida.
Dicen que en Poza Rica han comenzado a surgir dos que tres “redentores” de la política que ya andan haciendo sus pininos en las colonias, tocando puertas, tomándose fotografías y tratando de que la ciudadanía los ubique. Eso sí, algunos con más aire de “pirruris” que de operadores políticos de territorio.

Uno de los nombres que comienza a sonar es el de Daniel Anaya Pazzi, identificado como hijo del exalcalde priista Pablo Anaya Rivera. El joven, según quienes lo conocen, pretende construir su propia carrera política al amparo de un apellido que, por sí solo, no garantiza votos ni mucho menos liderazgo.

A Anaya Pazzi también se le relaciona con el Partido Verde y con una posición que tuvo dentro del gobierno municipal encabezado en su momento por Fernando “El Pulpo” Remes. Hay quienes cuestionan el desempeño que tuvo durante su paso por el área jurídica, mientras otros sostienen que su presencia política se debe más a acuerdos y padrinazgos que a una trayectoria construida desde abajo.
Cuentan que ahora el joven político tendría puesta la mira en un cargo de elección popular en Poza Rica y que presume contar con el respaldo de la diputada Citlali Medellín, apoyo que, según esas mismas versiones, le permitiría moverse por encima de las estructuras estatales de su propio partido, pasando por encima del dirigente estatal Edgar Herrera Lendechy, primo hermano de Javier Herrera Borunda, a quien dice no les debe ni un tehuacán.

De ser cierto estaríamos frente a un curioso fenómeno de la política moderna, el militante que no necesita al partido, el candidato que no necesita dirigentes y el político que antes de tener cargo ya tiene padrinos.
También circulan versiones que tanto lo quiere su “madrina” que lo metió a la nómina del gobierno municipal de Tamiahua. Porque una cosa es hacer política y otra muy distinta andar brincando de nómina en nómina mientras se construye una candidatura.

Y aquí cabe una pregunta muy sencilla. ¿Qué pesa más en política: el apellido, el padrino o la lealtad?.
Porque si algo debería saber cualquier aspirante a político es que los padrinazgos cambian, los cargos terminan y las nóminas tienen fecha de caducidad.
Y hablando de trayectorias, dicen que Daniel Anaya Pazzi todavía tiene mucho que demostrar por cuenta propia. Porque ser hijo de un exalcalde puede abrir alguna puerta, pero no garantiza que detrás de ella haya votos, liderazgo o reconocimiento ciudadano.

El apellido puede prestar el primer empujón, pero la lealtad, el trabajo y los resultados son los que terminan pagando la factura.
Así que, estimado lector, habrá que observar con atención a estos nuevos “redentores” de la política pozarricense. Porque en lo que respecta a Daniel Anaya no le hace ningún honor al apellido de su papá, por aquello de que no le aprendió lo que más se valora en política, algo llamado Lealtad.

Por Redactor1