Las costas mexicanas son un yacimiento de secretos ancestrales. En los últimos cinco años, investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML), de la UNAM, han descubierto al menos 30 especies de equinodermos, una variedad animal acuática, cuya existencia en el planeta se remonta a 400 millones de años atrás.

Francisco Solís, especialista en Ecología y Biodiversidad Acuática del ICML, reveló que los descubrimientos se han realizado sobre todo en las costas del Pacífico, especialmente en el Golfo de California, y los litorales de Jalisco y Guerrero. Se trata, de pepinos y estrellas de mar, así como de ofiuroideos, una especie de aspecto parecido a estas últimas.

“México es un país megadiverso, en el caso de los equinodermos, estos están desapareciendo incluso antes de ser descubiertos”, señaló Solís. Afortunadamente, agregó, “cada año encontramos en aguas nacionales tres o cuatro especies nuevas, sin embargo, aún falta mucho por hacer”.

Uno de los objetivos de la investigación es apresurar la exploración y contar con un registro de toda la vida marina que existen en las costas mexicanas, antes de su extinción. Al revelar los descubrimientos, por ejemplo, Solís cuida no revelar la ubicación exacta, quiere evitar la apropiación de los yacimientos y preservar las especies, expuestas al pillaje.

La familia de los equinodermos está constituida por diferentes especies que incluyen los llamados ofiuroideos, pero también lirios, erizos, pepinos y estrellas de mar. Se calcula que existen unas 7 mil especies y que al menos 13 mil ya se han extinguido. Su peculiaridad consiste en que están constituidos por huesecillos calcáreos y regularmente poseen simetría.

En el caso de los pepinos de mar, poseen un cuerpo alargado y blando y viven en el fondo del mar. Además de ser un codiciado manjar de la cocina japonesa, son los encargados de mantener la arena aireada para que no se convierta en una especie de cemento y con ello, los peces puedan colocar sus huevecillos en arena blanda.

Las especies descubiertas pasarán a formar parte de la Colección Nacional de Equinodermos “María Elena Caso Muñoz”, que resguarda el ICML; cuenta con aproximadamente 112 mil ejemplares y 818 especies de equinodermos, lo que la convierten en una de las más completas del mundo. Para ampliarla, el Instituto intercambia ejemplares y colabora con especialistas de EU, Francia, Alemania y Australia, además de apoyar a alumnos en Perú, Cuba y Colombia.

“Resulta irónico que se necesite de muchos hombres para entender la complejidad de una sola especie”, señaló Solís. A los investigadores ha correspondido asignar también un nombre a las especies marinas descubiertas: los pepinos de mar han sido designados como Parathyone, Lissothuria, Massinium y Neothyonidium; los ofiuroideos como Ophiothrix, Amphiuridae, Ophiothrix y una estrella marina se ha bautizado como Luidia.

Y aunque pareciera que es un conjunto extraño, reservado al gabinete científico, las especies se encuentran en verdadero peligro: Solís refiere por ejemplo el caso del cenote “El aerolito”, en Cozumel, donde se descubrió la primera especie de estrella de mar cavernícola y el tercer ofiuroideo cavernícola, del mundo. En la cueva, dijo, se albergan al menos 23 especies de equinodermos (algunas únicas), nuevas familias de esponjas y un grupo de invertebrados marinos.

La basura y diésel, el espeleobuceo sin control, la extracción ilegal de ejemplares, así como la filtración de agua y fertilizantes hacia ésta y otras 17 cuevas de la isla, advirtió, mantiene a las especies en constante riesgo.
EL HERALDO DE MÉXICO

Por ALF