POR: LEONEL DEL ÁNGEL LEDA
Ya se acerca el 2027 y a estas alturas hay más chapulines que se afilan las uñas para seguir saltando de partido en partido; son personas que no tienen convicción porque les gusta la traición y les ha gustado ser Judas, son esos que traicionan los colores por conveniencia y son tanto hombres como mujeres.
Los resultados de las últimas dos elecciones dejaron claro que la ciudadanía ha despertado y exige líderes que realmente los representen, no a oportunistas que dejan un partido y se van a otro, de ahí que el pueblo no los apoye.
A lo largo de los años se ha puesto de manifiesto que en la selección de candidatos han participado personajes sin respaldo que chapulinean, y esto ha llevado a un desencanto generalizado entre los votantes. Los habitantes buscan y prefieren a candidatos honestos, representativos, defensores de las injusticias y guiados por valores y principios sólidos; ya no quieren a esos políticos que hoy estuvieron en un partido y porque no lograron nada ya se van a incrustar a otro partido político o forman el suyo propio.
Algunos aspirantes se aprovechan de los colores del partido para ganar y pierden porque cambian de colores a conveniencia, y el hacerlo demuestra que su interés es más personal que colectivo. Demuestran ambición de vivir de la política y eso ha generado la desconfianza del pueblo, ya que algunos políticos priorizan sus intereses personales sobre el bienestar de la sociedad. Fue precisamente por eso que el sistema político de antaño fue perdiendo el poder al ignorar las necesidades del pueblo.
Ahora parece que las cosas van por ese rumbo al estar repitiendo los mismos errores. Eso ya no debería de suceder ahora que se acerca la renovación del Congreso del Estado y de la Cámara de Diputados; es decir, habrá elecciones para diputados locales y diputados federales, el momento ideal para el surgimiento de los clásicos chapulines, que saltan de un lado a otro.
Si bien es cierto que la sociedad anhela un mejor cambio, también anhela personajes que no traicionen sus principios ni sus valores, porque el hacerlo no motiva al electorado, por el contrario, lo desmotiva. Es en ese punto donde inicia el fantasma del abstencionismo.
Es urgente que los partidos realicen una depuración de aquellos personajes que han llegado de otros partidos en su ambición de poder y riqueza y no han demostrado su compromiso con la comunidad, porque la traición conlleva a la mentira y eso no es lo que una sociedad civilizada necesita. Se necesita de un compromiso genuino por parte de los líderes políticos para reconstruir la confianza perdida del electorado.
La historia nos enseña que el verdadero poder reside en la honestidad, en la participación activa de cada uno de nosotros al momento de elegir a quien darle el voto. Por eso en las últimas décadas la gente ha decidido votar por el candidato y no por el partido que suele llevar encima a chapulines.
Es momento de asumir nuestra responsabilidad cívica y de que los partidos también la asuman para trabajar juntos por un futuro donde la política sea sinónimo de servicio y no de ambición personal, tal como lo ha venido diciendo el expresidente y la actual Presidenta de la República: “El pueblo es quien manda”, esta verdad ha sido reafirmada en las urnas.
Hasta la Próxima D.M.
