Venezuela, INSARAG y cuando ayudar también significa saber hacerlo

Las imágenes provenientes de Venezuela han vuelto a despertar la solidaridad de miles de personas alrededor del mundo. Cada desastre, ya sea provocado por fenómenos naturales o situaciones complejas que afectan a comunidades enteras, nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de la ayuda humanitaria.

Ante estas escenas es normal que surja una pregunta casi automática: ¿cómo podemos ayudar? La respuesta parece sencilla, pero en realidad es mucho más compleja de lo que imaginamos. En el mundo de las emergencias no basta con tener buenas intenciones. La experiencia internacional ha demostrado que la ayuda desorganizada puede generar tantos problemas como los que intenta resolver.

Por ello, desde hace décadas la comunidad internacional ha trabajado en la creación de mecanismos que permitan coordinar la respuesta ante grandes desastres. Uno de los más importantes es INSARAG.

INSARAG, siglas de International Search and Rescue Advisory Group o Grupo Asesor Internacional de Búsqueda y Rescate, es una iniciativa respaldada por las Naciones Unidas que busca coordinar, profesionalizar y estandarizar las operaciones de búsqueda y rescate urbano en todo el mundo.

La ONU impulsó este mecanismo después de grandes tragedias que evidenciaron la necesidad de ordenar la ayuda internacional, especialmente tras el sismo de México de 1985 y el terremoto de Armenia de 1988. En esos desastres participaron equipos de búsqueda y rescate de distintos países, pero también quedó claro que no todos trabajaban bajo los mismos procedimientos. Había buena voluntad, pero faltaba una estructura común que permitiera aprovechar al máximo los recursos disponibles.

INSARAG nació formalmente en 1991, con el objetivo de evitar la duplicidad de esfuerzos, mejorar la coordinación entre países y establecer estándares internacionales para los equipos especializados de búsqueda y rescate urbano. Su propósito no es limitar la ayuda, sino garantizar que la ayuda realmente sea efectiva.

Gracias a este sistema, equipos provenientes de distintos países pueden trabajar bajo un mismo lenguaje operativo, utilizando procedimientos compatibles, sistemas de coordinación definidos y objetivos claros. En una emergencia mayor, donde cada minuto puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, el orden se convierte en una herramienta tan importante como cualquier equipo de rescate.

México tiene una relación muy especial con esta historia. Nuestro país no solamente fue uno de los escenarios que impulsaron la creación de estos mecanismos internacionales, sino que también ha construido una amplia experiencia en materia de protección civil, búsqueda y rescate y atención de desastres.

Los terremotos de 1985 y 2017 dejaron profundas heridas, pero también grandes enseñanzas. A partir de esas experiencias surgieron instituciones más fuertes, mejores protocolos y generaciones completas de rescatistas comprometidos con la preparación y la profesionalización.

Dentro de esa experiencia destaca el trabajo del Ejército Mexicano mediante la aplicación del Plan DN-III-E, uno de los instrumentos de auxilio a la población más reconocidos de nuestro país. A lo largo de décadas, el Ejército Mexicano ha participado en inundaciones, huracanes, incendios forestales, terremotos y múltiples contingencias, demostrando que la disciplina, la logística y la organización son fundamentales durante una emergencia.

Su labor va mucho más allá de la búsqueda y rescate. Implica evacuaciones, instalación de albergues, distribución de ayuda humanitaria, atención médica, remoción de escombros, restablecimiento de servicios y apoyo a las autoridades civiles. La experiencia acumulada por las fuerzas armadas mexicanas representa un referente internacional sobre cómo responder de manera organizada ante situaciones de desastre.

Pero junto con los ejemplos positivos también existen prácticas que deben analizarse críticamente. En los últimos años ha tomado fuerza un fenómeno conocido como turismo de emergencias. Puede parecer un término duro, pero describe una realidad que se observa con frecuencia cuando ocurre una tragedia de gran magnitud.

Se refiere a personas, grupos o incluso instituciones que acuden a una zona afectada sin una misión operativa clara, sin coordinación oficial o sin contar con las capacidades necesarias para contribuir de manera efectiva.

Las redes sociales han amplificado este fenómeno. En ocasiones parece existir una carrera por ser el primero en llegar, el primero en transmitir o el primero en aparecer en una fotografía desde la zona del desastre. Sin embargo, una emergencia no es un escenario para el protagonismo. Las víctimas no necesitan observadores. Necesitan ayuda profesional.

Existe además un aspecto que pocas veces se menciona cuando se habla de ayuda internacional: la autosuficiencia.

Los estándares INSARAG establecen que los equipos que se desplazan a una zona de desastre deben ser capaces de sostenerse por sí mismos durante sus operaciones. Esto implica llevar sus propios alimentos, agua, combustible, medicamentos, equipos de comunicación, sistemas de alojamiento y recursos logísticos.

La razón es muy sencilla. Un país que atraviesa una emergencia ya enfrenta una enorme presión sobre sus recursos. El agua potable, los alimentos, el combustible, la atención médica y los espacios de alojamiento suelen ser insuficientes incluso para atender a la población afectada.

Cuando un grupo llega sin ser autosuficiente comienza inevitablemente a consumir recursos que deberían destinarse a las víctimas. En lugar de convertirse en parte de la solución, se transforma en una carga adicional para las autoridades y para la comunidad afectada.

Por eso, dentro de la filosofía INSARAG existe un principio fundamental: no se trata de llegar por llegar. Llegar primero no significa ayudar más.

La verdadera ayuda consiste en arribar preparados, coordinados y con la capacidad de operar sin depender de los recursos de una comunidad que ya se encuentra en crisis.

Este concepto cobra especial relevancia cuando observamos emergencias en países que enfrentan dificultades económicas, sociales o de abastecimiento. En esos escenarios cada litro de combustible, cada botella de agua, cada espacio de alojamiento y cada recurso médico puede ser vital para la población afectada.

La solidaridad debe sumar capacidades, no aumentar necesidades. Por ello resulta indispensable que cualquier organización que pretenda participar en una respuesta internacional evalúe con honestidad si cuenta con la capacitación, certificaciones, logística y autosuficiencia necesarias para hacerlo.

Quienes hemos estado cerca de las emergencias sabemos que no se trata solamente de tener voluntad. Se necesita preparación, experiencia, disciplina y capacidad de coordinación. La ayuda improvisada puede generar riesgos adicionales, duplicar esfuerzos, saturar rutas de acceso, interferir con las operaciones oficiales e, incluso, poner en peligro a quienes intentan ayudar.

Por el contrario, los equipos profesionales comprenden que la prioridad siempre son las víctimas y que cualquier acción debe realizarse bajo un esquema de coordinación. Venezuela nos brinda hoy una oportunidad para reflexionar sobre ello.

La solidaridad es una de las mayores virtudes del ser humano. Nos impulsa a tender la mano cuando otros atraviesan momentos difíciles. Pero la solidaridad, para ser verdaderamente efectiva, debe caminar de la mano de la preparación.

México tiene mucho que aportar en esta materia. La experiencia de Protección Civil, Cruz Roja, los cuerpos de bomberos, los equipos USAR y las fuerzas armadas demuestra que la ayuda organizada salva vidas.

También nos deja una lección importante: no todo el que llega a una emergencia está ayudando.

Ayuda quien se prepara.
Ayuda quien se coordina.
Ayuda quien respeta los protocolos.
Ayuda quien entiende que el objetivo no es aparecer en la fotografía, sino aliviar el sufrimiento humano.

Porque en una emergencia internacional la buena voluntad abre la puerta, pero la preparación es la que realmente salva vidas. Y porque la solidaridad debe sumar capacidades, nunca aumentar necesidades.

Nos leemos el próximo lunes.
@llamada de emergencia