CDMX. – La tendencia informativa sobre la relación entre un mayor índice de mortandad en casos de coronavirus entre pacientes con diabetes comenzó a finales de febrero de 2020.
La doctora Veronica Hackethal, autora de libros y periodista de temas médicos, publicó en el portal Medscape.com un artículo llamado “Diabetes, CVD Tied to Worse Prognosis for COVID-19 Infección”, donde encontró indicios que apuntaban a que las personas con diabetes tienen un peor pronóstico en caso de adquirir el virus COVID-19, así como mayor riesgo de infección. Aunque el artículo también hace referencia a enfermedades cardiovasculares, los medios en México se concentraron en la diabetes.
A partir de esta y otras publicaciones que salieron en su momento, la opinión pública comenzó a “comprar” la hipótesis, aunque no había sido científicamente comprobada, por lo nuevo del virus.
Usando la herramienta de inteligencia y ciencia de datos Xpectus, y apoyados por el CEO de Metrics, Javier Murillo, se determinó que entre el 28 de febrero y el 2 de marzo del presente año, los usuarios de medios digitales comenzaron a hablar sobre el tema en redes sociales con preocupación, y generaron tendencias de búsqueda en Google.
No es lo mismo compartir un artículo o un meme en Twitter o Facebook que sentarse en la soledad de un buscador a investigar sobre un tema. Lo segundo indica un interés mayor. El hecho de que los usuarios no solo se subieran a la conversación en redes sociales, sino que además realizaran investigaciones específicas sobre el tema, nos indica que esa hipótesis generó un interés mayor, al grado que se comenzó a discutir el tema en el ámbito privado, en millones de hogares en México.
Para el 14 de marzo, cuando España y Francia se encerraron para frenar el coronavirus, la psicosis colectiva estaba en su máximo apogeo. México no tardó en reaccionar: el 16 de marzo, una buena parte de las empresas privadas se autoimpuso la cuarentena, varios días antes de que el gobierno reaccionara, lo que sería visto por algunos actores políticos como debilidad y una oportunidad para actuar en consecuencia.
El 22 de marzo, a las 21:17 horas, sube en Twitter como tendencia destacada el concepto “FEMSA” , después de que Gilberto Lozano, ex director general de la embotelladora, publicara un video atacando las políticas de AMLO. Las reacciones a la publicación no se hicieron esperar: surgieron varias tendencias tanto a favor como en contra del personaje, que aprovechó la psicosis causada por el Coronavirus para posicionar su movimiento FRENAAA (Frente Nacional Anti AMLO) . Este movimiento, a la postre, sería incluido en el famoso documento llamado BOA (Bloque Opositor Amplio).
Desde el primer momento hubo confusión en la opinión pública en relación con el personaje, ya que un alto volumen de la conversación y una buena parte de los mensajes destacados posicionaron erróneamente a Gilberto Lozano como actual presidente de FEMSA, por lo que el ataque no fue solo para él y su movimiento, sino que los usuarios a favor de López Obrador y su gobierno se dedicaron a increpar a la empresa y a denunciar un supuesto intervencionismo de “la mafia del poder”.
Este evento desencadenó el punto más alto, en el estudio realizado, entre las inflexiones y el periodo analizado con Xpectus. La opinión pública no se hizo esperar: los usuarios se dedicaron a buscar y compartir el video con mensajes tanto a favor como en contra de su contenido. La búsqueda relacionada más importante no era Gilberto Lozano. Era “director de FEMSA”.
El 23 de marzo de 2020, The World Obesity Federation, —una organización que dice representar miembros de comunidades científicas, con el fin de resolver problemas relacionados con la obesidad— publicó un artículo llamado: “Coronavirus (COVID-19) y Obesidad” en el que aseguraron que “condiciones relacionadas con la obesidad parecen empeorar el efecto del COVID-19. De hecho, los Centros de Control y Prevención de Enfermedad han reportado que personas con afecciones cardiacas y diabetes están en un riesgo mayor por complicaciones relacionadas con el COVID-19”.
En este punto, es cuando surge un nuevo tema de interés. Algunos activistas, y consecuentemente sus seguidores, comenzaron a relacionar en sus propiedades digitales el nuevo etiquetado, la obesidad y la diabetes con las muertes por coronavirus. Este mensaje comenzó a permear entre la opinión pública.
En el consciente colectivo todo comenzó a ser difuso. La poca información existente, la prensa queriendo ganar la nota, la inacción y desestimación del gobierno, los ánimos políticos exacerbados, la inminente crisis económica, y el miedo a contagiarse y morir por COVID-19 en un escenario adverso para México —ya que según datos de la International Diabetes Federation, más de 12.8 millones de adultos en México tiene diabetes—, causaron la tormenta perfecta.
El 31 de marzo, Cristopher Echenique, uno de esos activistas, lanzó un tuit con un artículo llamado “Prensa irresponsable”, denunciando supuestos ataques de la que llamó “industria de la comida chatarra” contra Hugo López-Gatell y sus acciones para combatir el COVID-19, abonando al enfrentamiento entre ambos bandos, que inició cuando unos meses antes, el subsecretario promovió el “nuevo etiquetado”. Aunque la columna de Echenique no tendría tanto impacto, daría inicio al vínculo entre la industria de alimentos, obesidad, diabetes y coronavirus.
Al llamado de Echenique, se comenzó a activar el aparato de comunicación pro gobierno. Durante los siguientes meses, y conforme avanzamos en las fases de la contingencia, la popularidad de AMLO comenzó a caer: según datos de Consulta Mitofsky, entre febrero y marzo perdió más de 2 puntos en las encuestas de aceptación, y llegó a su nivel más bajo el 18 de abril de 2020, con un 47% de aprobación y una caída de 11.7 puntos en lo que iba del año. Urgían acciones del gobierno para detener la caída.
El 24 de abril, López Obrador hizo declaraciones en su ‘mañanera’, en las que aseguró que el coronavirus afecta más cuando se tiene obesidad, hipertensión o diabetes. “Pasando lo de la campaña del coronavirus, viene una campaña, sin dejar las que tenemos pendientes, de no permitir y hacer conciencia del daño que causan las drogas”. “No es posible que se gaste en alimentos que no necesariamente nos ayudan y que son caros y nos afectan o nos pueden afectar”. Y cerró relacionando las bebidas embotelladas a la economía: «Cuestan menos bebidas como el pozol que un refresco industrial”, sin hacer una alusión directa a la relación entre coronavirus y refrescos. De eso se encargarían otros medios y activistas. Información de expansión.mx
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