A orilla de la carretera que liga la comunidad Paso del Correo a la Zona Arqueológica Coyuxquihui, se encuentra un letrero en condiciones menguadas. Siguiendo el señalamiento, caminamos sobre el sendero de piedras y tierra, muy breve, refrescados por los gajos de una toronja tierna y el resuello infante del maíz.
La puerta de entrada es escueta. Pasamos sin aspavientos de bienvenida. Lejos de toda alegoría. Apenas unos metros después, en los dominios territoriales del recinto, nos interrumpió el saludo de Gregoria García Pérez, la encargada. Sin un gafete, sin uniforme, a sus meras circunstancias, agradeció verbalmente la visita y nos tendió un vaso de agua de jobo. Nos apartó a la sombra de su casa, que comparte ahí mismo con sus parientes.
Ya en la confianza le preguntamos por dónde comenzar el recorrido. “Ahí, por ese camino, entre esos matorrales; nomás disculpen que esté un tanto desordenado, y que la hierba esté alta, pero es que me dejaron sin apoyo y nada más aguanté a dejar bajito la hierba, para la temporada de vacaciones, para que se llevarán una mejor mirada los visitantes. De eso ya hace dos meses. Mis hijos me dicen, ‘mamá, vamos de vuelta a meterle mano’, pero la verdad, así, que el recurso lo ponga yo sola, ya no quiero”.
Se tuvo acceso a un oficio redactado por Gregoria García Pérez, en el que solicita a Roberto González Martínez, jefe del Departamento de Servicios Administrativos del Centro INAH, Veracruz, una lista de materiales para el mantenimiento de la zona arqueológica a su cargo, y que ésta fechada el 31 de mayo de 2017. El documento lleva copia para Esteban Rodríguez Flores, Delegado el Centro INAH, Veracruz, y para Gabriel Del Valle Ferral, Secretario General Sección Veracruz.
Las facturas obtenidas, por conceptos de materiales y mensajería, están emitidas los días 31 de marzo ($1041.25), 20 de marzo ($199.60), 23 de junio ($1366.15), 06 junio ($199.66), 27 de mayo ($940.00), 31 de mayo (1300.13), 10 de mayo (199.60); 31 de mayo ($1000.00) todas corresponden al año 2017 y en ellas describe como CLIENTE al INAH con dirección en calle Córdoba, No. 45, Colonia Roma, C.P. 06700, de la Delegación Cuauhtémoc en la Ciudad de México.
Hicimos el recorrido y efectivamente, la hierba está alta. Poco es esto, si observamos los montículos y cómo las ramas “le crecen” entre las piedras. Hace cientos de años, estas obras de la cultura Tutunakú no sólo estaban cuidadas con lustre, sino que sus paredes, cada centímetro, estaban pintadas y en armonía con los mismos gestos pictóricos y geométricos que El Tajín.
En donde se encuentra la parte más alta y plana conviven tres estructuras. El centro que asemeja una plaza, está abrumado por la espesura silvestre. Una de ellas, parece que se escapa al dominio verde de las enredaderas que copan los árboles. Si esta imagen fuera reproducida en un lienzo, a estilo contemporáneo, bien podría titularse “Escapando a la gran boca de la desidia”.
Fue una ciudad que surgió tras la caída estrepitosa de El Tajín, aproximada al año 1200 de nuestra era. Así mismo en Coyuxquihui, cuya interpretación se asemeja a “Madera de Armadillo”, convergieron los Huastecos, del norte de Veracruz, y después los Nahuas hacia el año 1450, que por su poderío y hegemonía, causaron la separación de lo Tutunakú y Huastecos. Todo esto constatado por los objetos encontrados en su dominio.
Hablando de dominio, tuvimos acceso al que tiene Gregoria García Pérez, referente a un apilado de facturas de gastos por materiales para el mantenimiento, operación y mensajería de la zona antropológica. Sumadas a otra factura que envío a las oficinas del INAH en la ciudad y puerto de Veracruz, Veracruz, rondan un monto cercano a los $10, 000.00 pesos, que la encargada de resguardar Coyuxquihui ha puesto de su bolsa.
Imagínese, mi salario mensual es de $3000.00 pesos, y de ahí tengo que poner para los gastos de lo que se necesita; en lo que va de este año, se han desentendido del bienestar de la zona; éramos dos, un custodio y yo. Solicité que no éramos suficiente, que nos enviaran un custodio más, y por el contrario, quitaron al que ya estaba y me dejaron sólo a mí. Cuando voy a las juntas sindicales del INAH de Veracruz, en la calle Juárez y avenida 5 de Mayo, no salen quisiera a darme respuesta. Nada más hace uno corajes. Pero aquí estoy ¿qué más puedo hacer?”.
En la década de 1980, la gente de Paso del Correo, municipio de Papantla, cedió el terreno con sus edificios, para que fuera ejemplo de que un pueblo indígena entiende la importancia que las raíces culturales son un patrimonio que debe entregarse a manos de quien preserve y enaltezca a las culturas que les dieron sangre y vida. ¿A caso el INAH enaltece este legado? ¿A dónde van a parar las facturas que se les envían y el dinero que supuestamente se ha destinado para su pago?
El turista que vaya a Coyuxquihui se topa apenas llega, con una lona de protesta dirigida al presidente de México, Enrique Peña Nieto y a la titular de la Secretaría de Cultura, María Cristina García Cepeda. En ella se puede leer que los Trabajadores Técnicos y Profesionistas del INAH, demandan que el antropólogo Diego Prieto Hernández, Director General del INAH, cumpla con las funciones del Instituto, de acuerdo a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, así como en la Ley Orgánica, en la conservación, preservación, protección, custodia y difusión del Patrimonio Cultural, todo basado en una minuta fechada el 17 de marzo de 2017.
POR REDACCIÓN



