En Secundarias Generales tenía acusaciones de acoso laboral, ya fue separado de su cargo.
Poza Rica, Ver. — Luego de más de 25 años al frente del Sector 02 de Educación Secundaria, Elihut Leyva Deyta ha sido finalmente separado de su cargo.
Su salida, ocurrida hace aproximadamente ocho días, no pasó desapercibida, pues llega en medio de una investigación por presunto acoso laboral, abuso de autoridad y un por un posible largo historial de corrupción que ha manchado el sector educativo en la región.
Las presuntas denuncias en su contra incluyen agresiones institucionales contra maestros, maestras, directores, supervisores y jefes de enseñanza, quienes por años han soportado una gestión autoritaria, protegida por el silencio institucional y el temor a represalias. Hoy, varios de ellos ven con esperanza un cambio que debió llegar mucho antes.
Uno de los señalamientos más graves remonta al año 2003, cuando Leyva Deyta fue denunciado por nepotismo y venta de plazas durante su tiempo como subdirector estatal de secundarias. El caso, documentado en la revista Proceso el 29 de septiembre de ese año, quedó sin consecuencias claras, pero marcó el inicio de una serie de prácticas irregulares que lo han seguido hasta hoy.
Más recientemente, se le ha vinculado con presuntos contubernios con ciertos directores beneficiados por el programa La Escuela es Nuestra, y al parecer con el manejo irregular de la zona 07, que mantuvo bajo su control sin supervisión alguna. Presuntamente se le acusa de cobrar cuotas ilegales a escuelas particulares, justificados como “apoyos” a la oficina del sector, sin sustento administrativo.
La caída de Leyva Deyta ha arrastrado también a otros actores. Tal es el caso del maestro David Agustín Saldaña, exdirector de la Secundaria General Número Uno “Heriberto Jara Corona”, quien también fue separado de su cargo por su presunta colusión con el jefe de sector.
Este momento marca un punto de quiebre para el sistema educativo regional. La salida de Leyva Deyta no borra su oscuro legado, pero abre la posibilidad de una verdadera limpieza institucional en un sector que, por años, fue rehén de intereses personales y redes de poder que nunca debieron cruzar las puertas de una escuela.
