Tihuatlán, Ver. – La pandemia del nuevo coronavirus no impidió que fieles católicos cumplieran con la tradición de festejar a la Virgen de Guadalupe, aunque las celebraciones religiosas al interior del templo parroquial se realizaron a puerta cerrada y con asistencia de apenas el 25 por ciento en cada una de las cuatro misas programadas.
Familias que no se registraron previamente o que llegaron tarde a los eventos litúrgicos tuvieron que escuchar las homilías desde el atrio de la Parroquia de San Francisco de Asís, donde personal acomodó sillas para que al menos permanecieran sentadas.
Tanto en el interior como en el exterior del recinto religioso, los asistentes fueron conminados a guardar la sana distancia, a utilizar cubrebocas y a aplicarse gel antibacterial, para garantizar su salud y la de los demás, mientras en el altar, el sacerdote que oficiaba la misa recomendaba encomendarse a Dios y a la Virgen Morena desde casa.
A diferencia de años anteriores, en esta ocasión, fue más que notoria la ausencia de Lupitas y Juandieguitos, pues fueron pocos las niñas y niños que asistieron para recibir la tradicional bendición guadalupana.
Fue una celebración austera, casi desolada, sin el bullicio festivo de otros años en el que las fiestas guadalupanas eran una romería, con cientos de personas y niños abarrotando las instalaciones parroquiales, y los comerciantes ofreciendo los trajecitos para vestir a Lupitas y Juandieguitos, y todo tipo de artículos alusivos a la fecha.
La fe guadalupana, sin embargo, permaneció vigente, mientras que la prudencia de los feligreses para prevenir contagios de la Covid-19, se impuso, afortunadamente.
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