Pocos como Eniac Martínez han trazado con luz un mapa tan amplio de México; delineando primeros sus orillas como hizo con Litorales, para luego hurgar sus entrañas a través del Camino Real Tierra Adentro, y transitar sus Ríos como un complejo sistema circulatorio. Viaje y fotografía, cuerpo y esencia, vida y muerte, son uno en el trabajo de este experimentado fotógrafo que recibirá del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Medalla al Mérito Fotográfico, el próximo jueves 24 de agosto.
En su departamento de la Ciudad de México, como pistas de esos largos y azarosos itinerarios, se observan conchas de mar, máscaras, piedras… Como él dice, la primera palabra que asocia a la fotografía, es viaje; de hecho por estos días participa en una filmación al otro lado del Atlántico, en Marruecos, pero eso no le impide agradecer con antelación el reconocimiento que al lado de Lourdes Almeida y Marco Antonio Cruz, se le da en Pachuca, Hidalgo, en el marco del Decimoctavo Encuentro Nacional de Fototecas, por parte de la Fototeca Nacional del INAH.
Eniac Martínez (1959) ha transmutado con el tiempo, ha sido músico y pintor, sin embargo las claves de esas disciplinas le acompañan desde hace 35 años en su trayecto de fotógrafo. En cada secuencia que elabora piensa en sonido y en silencio, y también la concibe como una historia donde cada fotografía es una palabra que al juntarlas forman ideas, que a su vez dan pie a capítulos y éstos a libros, de manera que tras dilatados sobrevuelos, el ensayo fotográfico es el aterrizaje de ese tema de reflexión que le interesa y preocupa al fotógrafo.
Tras sus pasos en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba, y la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, ‘El Taller de los Lunes’ en el Consejo Mexicano de Fotografía fue su tercera escuela. Además de las enseñanzas de Pedro Meyer, el variopinto origen artístico de los jóvenes que ahí se daban cita, lo mismo artistas conceptuales que fotógrafos, músicos, escultores y arquitectos, fue su mayor aprendizaje.
Rubén Ortiz, Gabriel Orozco, Pablo Cabado, Tatiana Parcero, Carlos Somonte, Germán Herrera, Jorge López, María Inés Roqué, Mauricio y Manuel Rocha, son sólo algunos que como él, encontraron el eco de su propia voz en ‘El Taller de los Lunes’, “ahí sembró la idea de que yo tenía algo que decir, y me sentí profundamente cercano a la fotografía, gracias a ella he incursionado en mundos que nunca hubiera imaginado y que han hecho de mí lo que soy ahora”, comenta Eniac Martínez.
Como si estuviera predestinado a la odisea, el primer proyecto en el que trabajó fue Camino largo a Tijuana, filme de Luis Estrada; su colaboración como fotógrafo en diversas películas se ha convertido con el tiempo en un modus vivendi alterno, y a ese título ha sumado otros como Vivir mata, Before night falls, Babel y Arráncame la vida. Pero lo suyo, sentencia, es la fotografía de calle y el desarrollo de proyectos personales.
Fue en la Babel de nuestros días: Nueva York —donde acudía al Centro Internacional de Fotografía— que “comencé a vivir la calle cargando una cámara todos los días, donde fui desarrollando el ojo fotográfico para descubrir las formas en que funcionan los planos y surge el cauce natural de la vida”.
A su regreso a la Ciudad de México, Eniac Martínez incursionó en otra escuela de la fotografía de prensa y de vida cotidiana: La Jornada, medio en donde aprendió la disciplina del oficio, cubriendo lo mismo el hecho aparentemente “más gris” al más llamativo. No obstante, al igual que otros colegas suyos, “también quería contar una historia a través del tiempo, a partir de un grupo de imágenes que crearan un discurso fotográfico que me llevara a un determinado lugar”.
Inah
