Por Pascual Hernández Hdez
fotos de Rafael Rodríguez Ávila
Poza Rica, Ver.- Hace 20 años justamente, Poza Rica y varios municipios de la región norte de Veracruz y Puebla quedaron bajo el agua. La depresión tropical 11 provocó una gran inundación que dejó miles de millones de pesos en pérdidas materiales, cultivos arrasados, poblaciones enteras afectadas y lo que fue peor, cientos de muertos y desaparecidos, cuyos restos fueron arrastrados por ríos y arroyos.
Los días 4, 5 y 6 de octubre de 1999, de acuerdo al centro Nacional de Prevención de Desastres CENAPRED, cayeron mil 073mm de lluvia. Lo equivalente a tres meses de precipitaciones tan solo en este pequeño lapso de tiempo, lo que habla de la magnitud de la tragedia.
En ese entonces, el ambientalista Sergio Eduardo Rivera Nasser, coordinador operativo de Calixaxan, mostró su preocupación en torno a los posibles efectos del cambio climático y auguraba “consecuencias aún peores en los próximos años”.
Han pasado 20 años de la inundación de 1999 y actualmente la población se enfrenta a una nueva catástrofe, pero ahora a la inversa. El cambio climático ya llegó, como lo pronosticó Rivera Nasser y ya padecemos sus consecuencias.
El organismo de Cuenca Golfo Centro de la comisión Nacional del Agua, declaró con problemas severos de sequía a 203 de los 212 municipios de Veracruz. Es decir, nadie escapa a los efectos del cambio climático en esta entidad, donde además cuatro municipalidades reportan sequía excepcional.
En la región norte, Álamo, Tuxpan, Papantla, Tihuatlán y Poza Rica, así como Pánuco y Tantoyuca, en la huasteca, reportan problemas por la sequía. Los asociados de la Unión Ganadera Regional del Norte lamentan la muerte de cientos de reses, mientras que los citricultores no cuentan con producción agrícola y los precios de garantía están por los suelos.
Los productores afectados buscan apoyo de los tres niveles de gobierno, especialmente de la Federación, pero en lo que respecta al Fondo de Desastres Naturales (Fonden) por sequía, hay distintos lineamientos para solicitarlos, por lo que se podrían pedir las declaratorias de emergencia para algunos municipios, pero sería hasta diciembre de este 2019.
¿A 20 años de la desgracia, qué ha cambiado?
No vamos lejos, tan solo en esta región norte los cambios de 1999 a la actualidad son evidentes. Nuestro afluente natural, el río Cazones se encuentra en estado crítico. Con una longitud de 145 kilómetros, aún abastece de agua a cerca de 500 mil habitantes de localidades asentadas en sus márgenes en los estados de Puebla y Veracruz.
Por años, la población e industrias como Petróleos Mexicanos han vertido en su cauce contaminantes que lo han tornado tóxico, pero aún así se utiliza como fuente de abastecimiento a pesar de que sus niveles han sido considerados críticos en temporada de estiaje, como la que se atraviesa en la zona desde hace varios meses.
A 20 años de la tragedia las cosas han cambiado mucho. Ya no es aquel caudaloso cuerpo de agua, pero de vez en cuando pone a temblar a los pobladores de sectores como Las Gaviotas e Ignacio de la Llave, donde en 2009, durante la administración de Pablo Anaya Rivera, se destinaron junto con el gobierno del Estado 147 millones de pesos para la construcción de un muro de contención.
En su momento, el entonces director de la Conagua, Víctor Manuel Esparza Pérez, declaró en 2011 que el muro de contención era un peligro para los pobladores de Las Gaviotas dado que no se construyó con estándares de calidad.
Además, en la actualidad las esclusas están taponadas con basura, escombros y restos de aparatos electrónicos y muebles, entre otros muchos objetos, por lo que el riesgo de una inundación está latente en cualquier momento en ese sector de la ciudad.
Mientras tanto, los efectos del cambio climático aun persisten, ríos y arroyos están secos, muere el ganado, no hay agua, la producción del campo está literalmente en el suelo, por lo que los recuerdos de aquella inundación de 1999, solo quedan en eso, en recuerdos.








