En un buen día, el pintor y muralista, Enrique Chiu, consigue avanzar varios metros lineales sobre el Muro fronterizo que separa a Estados Unidos de México. La brisa del mar, que se atisba en el horizonte, le acompaña en esa obra épica que inició en solitario desde diciembre pasado.

“Al principio este proyecto fue una idea que emprendí en solitario porque parecía una locura”, asegura Chiu a La Jornada al recordar el día que encendió la mecha pintando el tramo del Muro en la zona de Playas de Tijuana, a espaldas del Toreo, “donde las láminas oxidadas y enmohecidas afeaban el paisaje”.

“Pero, conforme ha pasado el tiempo, este proyecto se me ha salido de las manos porque es mucha la que la que ha querido sumarse. Este proyecto se convirtió de repente en un movimiento. En una forma de organización y protesta espontánea”.

Desde fines de diciembre, el pincel de Enrique Chiu se ha multiplicado a través de una obra colectiva. Ciudadanos de a pie y artistas que han llegado desde Japón, Alemania, Nueva Zelanda o España se han sumado a la causa del “Muro de la Fraternidad”.

“Artistas plásticos que vienen desde distintos puntos de México o del mundo trabajan colectivamente con inmigrantes, con parroquianos, con lisiados y gente que a veces sólo puede pintar con los pies…

“Ese Muro es símbolo de rechazo, de exclusión. Nosotros los mexicanos, los hispanos, los latinos somos los que nos topamos con esa pared. Con ese muro de incomprensión”, aseguró Chiu quien ha conseguido impulsar un movimiento de solidaridad para convertir parte del muro fronterizo con Estados Unidos en un mural de dimensiones épicas.

Una obra colectiva que ha buscado una narrativa alternativa al rechazo, al racismo y a la incomprensión que ha servido a Donald Trump para agitar las bases del nativismo y el movimiento anti inmigrante en Estados Unidos.

“Este es un mural dedicado a la migración. A toda esa gente que sólo busca una vida mejor. Que se arriesga mucho. O que ha sido deportada y separada de su familia”, aseguró al evocar los comienzos de un proyecto que inició con 20 mil pesos y la colaboración de algunos amigos.

“Hemos ideado este mural a gran escala y a pequeña escala. El mural a gran escala es para que la gente lo vea de lejos. Pero también hacemos algo en menor escala. Dejamos mensajes pequeños que son leídos por esos migrantes que todos los días se esconden entre la yerba. O que se pierden entre el polvo y el lodo. Les dejamos mensajes de aliento, de esperanza.

“En las zonas más inhóspitas. Les dejamos escritos mensajes de esperanza para infundirles valor. Les decimos “fuerza”, “animo”, “valor”, “ten confianza en ti mismo”. Hay gente que pone mensajes de contenido religioso. Como por ejemplo, “Ten fé” o “Dios está contigo”.

El entusiasmo que ha despertado el proyecto del “Muro de la Fraternidad” ha encontrado aliados en otras ciudades fronterizas como Ciudad Juárez, Tecate, Naco o Reynosa donde un nutrido grupo de organizaciones, artistas y fundaciones han mostrado su disposición a colaborar con donaciones y mano de obra para extender este gran mural a lo largo de la frontera.

 

 

 

 

 

 

 

Por ALF