CDMX. – En la historia del teatro en México muchos nombres se han escrito en letras de oro, pero entre ellos sobresale el de una mujer María Tereza Montoya, quien literalmente pasó su vida sobre los escenarios y cuya máxima es seguida al pie de la letra por muchas generaciones de actores: El teatro es sagrado.

Conocida como La Montoya, la gran trágica, esta diva de los escenarios vio la luz en la Ciudad de México un día como hoy, pero de 1900 en el seno de una familia artística, sus padres fueron José Felipe Agustín Montoya Alarcón y de Dolores Pardavé Bernal, un actor y una tiple de ascendencia española; fue prima del legendario actor Joaquín Pardavé.

Una afortunada casualidad la hizo pisar por primera vez un escenario, cuando tenía tan sólo tres meses de edad, cuando el utilero olvidó un muñeco que se ocupaba para la obra «El jorobado», entonces su padre – que participaba en el montaje – pidió que llevarán a María Teresa (cambio la S por la Z después) en su lugar y así entró a escena para no salir jamás.

A muy temprana edad ella toma las riendas de su familia, cuando a los ocho años pierde a su padre, entonces comienza a trabajar en cualquier compañía que necesite a un niño o niña para un personaje. A los 17 años y con varias obras ya en su haber María Tereza, quien ya había cambiado la S de su nombre, por una cuestión de buena aventura; funda su primera compañía teatral, con la cual fracasó como empresaria, pero sembró la semilla para lo que vendría más adelante.

Por ALF