Emmanuel Macron tiene un problema con los jubilados. Le votaron masivamente en las elecciones presidenciales de 2017. Forman parte de esta Francia a la que en general las cosas le van mejor que a la media, y que es reacia a los experimentos del populismo. Él mismo está casado con una jubilada.
El problema es que muchos de los 16 millones de jubilados se ven como injustos pagadores de las medidas destinada a aliviar las cargas de los asalariados y mejorar su poder adquisitivo. Un aumento de 1,7% en impuestos es el motivo principal de las manifestaciones este jueves en todo el país contra una medida que el Gobierno defiende en nombre de la “solidaridad intergeneracional”.
La protesta, convocada por nueve sindicatos y asociaciones, es una nueva muestra de un descontento de baja intensidad con el presidente que, sin embargo, no le ha disuadido de mantener el ritmo de las reformas. Se suma al descontento del personal de las residencias de la tercera edad, que protestan el mismo día por la degradación de las condiciones y los recortes.
El otro sector donde crece el malestar —y este es más significativo por cuanto tiene la fuerza para paralizar el país— es el de los ferroviarios de la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles), que debaten la posibilidad de una huelga prolongada contra la reforma adoptada el miércoles en el Consejo de Ministros.
Quitar a los mayores para dar a los jóvenes: este es, en síntesis, el espíritu de las medidas que afectan a los pensionistas, en vigor desde el 1 de enero de este año.
En esta fecha aumentó en un 1,7% la llamada CSG (contribución social generalizada), un impuesto destinado a financiar la protección social. Este aumento es para todos los contribuyentes, asalariados y jubilados que cobren más de 1.280 euros mensuales, lo que exonera a un 40%.
En paralelo, los asalariados vieron reducidas en un 3,15% las cotizaciones destinadas a financiar el seguro de paro y de enfermedad. Como los jubilados no pagan cotizaciones salariales, no se beneficiaron de esta reducción. El resultado es que los jubilados pagan ahora más impuestos y han visto reducidos sus ingresos y su poder adquisitivo, y los trabajadores tienen más dinero en el bolsillo para gastar.
“Os pido un pequeño esfuerzo para ayudarme a relanzar la economía y a los [trabajadores] activos”, dijo esta semana Macron durante un diálogo en la calle con un grupo de jubilados en la ciudad Tours. “Si es para ayudar a nuestros jóvenes, está bien”, celebró un hombre.
“Es para los jóvenes”, confirmó Macron, que fue elegido en el cargo con 39 años, el jefe de Estado francés más joven desde Napoléon. Su esposa, Brigitte, tiene 64. El presidente les explicó que el aumento impositivo se compensará a partir del otoño con una reducción progresiva, hasta eliminarla, del impuesto sobre las residencias. La escena con los jubilados, que se repite en muchos desplazamientos del presidente fuera de París, fue debidamente registrada por su equipo y difundida en las redes sociales.
“Esta solidaridad de los jubilados es esencial para transformar Francia”, dijo en un comunicado titulado La solidaridad intergeneracional para apoyar a la generación del trabajo, Christophe Castaner, jefe de La República en marcha, el partido de Macron, y secretario de Estado para las relaciones con el Parlamento.
Las críticas a Macron vienen de la izquierda y de la derecha. En un editorial, el diario conservador Le Figaro sostiene que el aumento de la CSG para financiar la bajada de las cotizaciones sociales «es un golpe injustamente propinado a los mayores» y lamenta la «falta de tacto» al «dar a entender que los jubilados de hoy, niños mimados del baby-boom, serían personas pudientes, cuando han cotizado durante todos sus años de trabajo de acuerdo con las reglas de nuestro pacto social». Macron, concluye el editorial, puede acabar siendo «el presidente de una doble fractura: geográfica —el mundo rural se siente olvidado— y generacional».
Un 74% de votantes jubilados votó a Macron en la segunda vuelta las presidenciales de mayo de 2007. Su rival, Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha, asustó a parte de este electorado con sus promesas de sacar a Francia del euro.
Los jubilados han visto sus pensiones congeladas en los últimos años y varias medidas fiscales han erosionado su poder adquisitivo, pero su nivel de vida sigue siendo más alto que la media de los franceses, un 6,1% según datos citados por Le Figaro. El presidente «de los ricos» y «de las ciudades» —calificativos que despectivamente le dedican sus rivales— corre el riesgo de convertirse también en el presidente de los jóvenes.
