Los religiosos que tuvieron los primeros encuentros con los grupos indígenas del norte, en lo que actualmente son el estado de Tamaulipas y Nuevo León, se sorprendieron al ver que no tenían una religión establecida como tal, pero si tenían alguna idea sobre lo que podía ser la muerte.

“Según fray Vicente de Santa María, que escribió a mediados del siglo XVIII, los «indios» no poseían ninguna idea religiosa. No conocían la adoración a los ídolos ni sabían de prohibiciones, delitos o virtudes. A su pregunta sobre la muerte, un indio le respondió simplemente “que se pasaban del otro lado del charco”.”

Los españoles que se enfrentaron a ellos, y convivieron junto a ellos en las rancherías, también pensaban que a pesar de que no tenían una religión formal, poseían “poderes” místicos que les permitían combatir mejor y convertirse en animales.

“Sin embargo, los milicianos y colonos estaban convencidos de que los «Indios» poseían fuerzas misteriosas que los ayudaban en sus combates. Entre las supersticiones que relataban estaba la de un indio viejo que cayó prisionero y que a vista de sus guardianes, sacó unas plumas de un canutillo que llevaba, se las puso sobre la cabeza y transformándose en tecolote desapareció volando, dejándolos atónitos y asustados. Otro miliciano en campaña que estaba frente a su fogata, al oír el canto agorero de muchos tecolotes, disparó su trabuco para ahuyentarlos, viendo con terror que todos eran “nahuales” que pasaron volando, dejando caer sus sandalias cerca del fuego. Uno más relataba que hallándose en las mismas circunstancias, disparó su arma contra un tecolote que no lo dejaba dormir, hallando al día siguiente a un «indio» muerto por su disparo.“

Estas ideas sobre nahualismo pudieron haber sido traídas por los indios tlaxcaltecas que vinieron a poblar tan remotos parajes y a combatir al lado de los españoles contra los “bárbaros chichimecas”. Pero también existen evidencias, sobre todo en lo que relata Alvar Núñez Cabeza de Vaca, de que los «indios» del norte tenían el poder de convertirse en animales, como el tecolote, o el águila, especialmente en la región de Texas y Tamaulipas.

Entre sus creencias arcaicas, los «indios» también pensaban que comiendo carne de venado adquirían la agilidad del animal, y posteriormente hacían lo mismo con las mulas y caballos de los españoles “por ser más livianos”.

Por ALF