Con pocos avistamientos desde mediados del siglo XX en costas mexicanas, los especímenes de pez sierra fueron altamente valorados por las culturas prehispánicas, entre ellas la mexica, para la cual los espadartes de este animal marino simbolizaban al monstruo terrestre cipactli. A lo largo de ocho temporadas de trabajo, el Proyecto Templo Mayor (PTM) ha registrado 67 espadartes de pez sierra como parte de un “estrato intermedio” en ofrendas rituales descubiertas.

La extracción de estos elementos que se mantuvieron bajo tierra aproximadamente 500 años, dentro de cajas de piedra o en rellenos y en condiciones climáticas estables, se convierte para los conservadores del PTM en una suerte de lucha contrarreloj. De esta experiencia, que ha permitido estabilizar casi 70 cartílagos rostrales de peces sierra, conversaron las especialistas María Barajas Rocha y Adriana Sanromán Peyron.

Ambas investigadoras participaron en el Coloquio Internacional “Los animales y el Recinto Sagrado de Tenochtitlan”, que finalizó este viernes en El Colegio Nacional. María Barajas, jefa de Restauración de dicho proyecto arqueológico que conmemora 40 años de vida, expresó que estas décadas de labor ininterrumpida, en las que arqueólogos y restauradores han trabajado mano a mano, permiten evaluar los procesos, pues se tienen registros de restauración.

“Muchas veces decimos que el Proyecto Templo Mayor es un gran laboratorio de experiencias, lo que no sólo ha permitido la especialización de sus profesionales, sino comprender cómo plantear soluciones a distintas problemáticas. Ahora conocemos mejor la interrelación de los objetos de distinta naturaleza que se encuentran en un mismo depósito, porque las presiones internas o externas influyen en su estado de preservación”.

La restauradora detalló que en el caso del Templo Mayor, al estar asentado en el centro de un lago, es un contexto de humedad constante que permite una mejor conservación de materiales de origen orgánico, caso de los cartílagos rostrales de peces sierra. No obstante, in situ se realizan algunas labores para controlar cambios microclimáticos, de manera que se monitorea con equipos digitales para que no haya una variación significativa de la humedad relativa.

Adriana Sanromán Peyron, restauradora integrante del PTM, precisó que los restos recuperados en las excavaciones del PTM corresponden a las especies: Pristis pectinata (pez sierra de dientes pequeños) y Pristis pristis (pez sierra de dientes grandes, también conocidos como tiburón sierra, raya sierra o pez espada). Dos de las cinco especies de estos animales marinos se hallan en peligro de extinción en todo el mundo, dada la facilidad de su captura pues habitan en aguas oceánicas someras.

Destacó que en las dos últimas temporadas (la séptima y la octava) del proyecto se registraron los rostros y vértebras de por lo menos 15 ejemplares de peces sierra en una decena de depósitos rituales, localizados al pie de las escalinatas del Templo Mayor y que corresponden a los gobiernos de los tlatoani Ahuízotl (1486-1502) y Moctezuma (1502-1520).

INAH

 

Por ALF