Hace mucho tiempo, cuando la humanidad todavía no existía, los dioses mayas se dispusieron a crear unos seres que los amaran y veneraran por todos los tiempos, ocuparon piezas de barro para poder moldear a los hombres a su gusto y darle las características que nos hacen tan únicos como especies, después se pusieron a crear a los animales, seres que sirvieran para que los admiráramos por su belleza, otros más para poder obtener la carne para alimentarnos y finalmente otros para que supiéramos que no somos la mejor raza, y así como podíamos cazar un pez grande, también nos podría cazar un jaguar.
Cuando estaban creando las aves, a mitad del proceso se les acabó a los dioses el barro y no sabían cómo continuar su obra, probar con tierra, pero a su creación se la llevaba el viento, probaron con lodo, pero era tan pesado que no le permitía volar con libertad. Finalmente, cuando ya estaban cansados de probar con diferentes tierras, vieron una pequeña piedra verde, el jade. Los dioses decidieron tomar la piedra preciosa, añadirle hermosas alas y la capacidad de volar tan rápido como quisieran.
Los humanos al ver un ave tan hermosa pensaron en atraparlos y tenerlos para deleite personal, esta acción causo la ira de los dioses, y dejaron una maldición sobre aquella pequeña ave. Aquel que se atreviera a capturar un ejemplar, este moriría instantáneamente. Enseñando así al humano que no puede ser dueño de todo lo que ve, les dio la humildad para que aprendieran a respetar aquello que es divino y hermoso, y desde ese entonces, los mayas decidieron respetar y honrar al hermoso animalito.



