Durante décadas, idílicamente se consideró que los teotihuacanos y los mayas fueron pueblos pacíficos. Sin embargo, la actual comprensión de los textos jeroglíficos que los mayas esculpieron en piedra caliza, así como los descubrimientos que realizaron los arqueólogos Rubén Cabrera, Saburo Sugiyama y Gregory Pereyra, en el interior del basamento de la Luna, nos permiten concluir que nuestros ancestros fueron tan violentos como cualquier otro ser humano de los soles antiguos o de los modernos y, al igual que todos las civilizaciones antiguas, también realizaban sacrificios humanos.
En las excavaciones del basamento de la Luna se identificaron siete construcciones sobrepuestas y en su interior, aparecieron diez individuos decapitados que miraban hacia el Norte, quizá guerreros o sirvientes que acompañaban a otros dos personajes que miraban hacia el Sur y estaban ricamente ataviados, portaban lujosos ajuares de piedras verdes y conchas marinas, no fueron decapitados; todos ellos tenían las manos atadas hacia atrás y lo más probable es que se trate de extranjeros.
