Alejandro Ávila

Veracruz, Ver.- La oscuridad total, el silencio absoluto y una atmósfera de profunda incertidumbre se apoderaron del Teatro Francisco Javier Clavijero para marcar el inicio de un vertiginoso viaje de casi dos horas por los recovecos más oscuros de la psique humana con el estreno de la puesta en escena “La última paciente”.

​El intenso thriller psicológico logró conectar con el público veracruzano desde los primeros minutos, elevando la tensión de manera paulatina hasta mantener a los asistentes al filo de la butaca con momentos cargados de angustia, sorpresa y una constante tensión emocional.

​Escrita por Miguel Ángel Díaz Barriga y bajo la dirección de Alejandro Faugier, la obra aborda temas complejos como la pérdida de la ética profesional, la obsesión, la manipulación y el desgaste emocional gestado al interior de un consultorio psicoanalítico.

​El eje central de la trama recae en Jacobo, un personaje moralmente ambiguo que transita peligrosamente en la delgada línea entre su rol como profesional de la salud mental y sus propios conflictos, deseos y fracturas emocionales.

​Precisamente en esa dualidad radica uno de los aciertos dramatúrgicos de la obra, evita los juicios absolutos. Mientras las acciones del psicoanalista generan rechazo e indignación en ciertos momentos, la narrativa permite asomarse a sus vulnerabilidades, logrando que el espectador intente comprender sus decisiones sin llegar a justificarlas.

​A lo largo de la representación, la aparente intimidad de una sesión terapéutica evoluciona hacia un inquietante juego psicológico donde los límites profesionales se desdibujan y los vínculos derivan en situaciones de alta peligrosidad.

​El peso histriónico recae sobre el escenario en los actores Alejandro Faugier, Xareni Aguilar y Karla Caos, quienes sostienen la tensión dramática a través de una exigente conexión interpretativa.

​Con una propuesta austera en elementos escenográficos pero rica en recursos atmosféricos, la producción (a cargo de Luis Felipe Díaz) apostó por la fuerza de la iluminación, el uso preciso de los silencios y la profundidad de las actuaciones para transformar al espectador de un simple testigo a un partícipe emocional de los conflictos.

​“La última paciente” se consolida así como una propuesta que demuestra la vigencia del suspenso construido desde la introspección, los silencios y las pasiones humanas, dejando en el público una sensación incómoda, provocadora y persistente mucho después de que cae el telón.

Por Redactor1