Hundió al PRI para su interés particular y ya no tiene respaldo de líderes ni seccionales.
POZA RICA, VER.- El PRI pretende vender como “reordenamiento” lo que para buena parte de sus bases representa la continuidad de una dirigencia cuestionada. Adrián Delgado Tadeo nuevamente llega como presidente del Comité Municipal del PRI en Poza Rica, pese al creciente rechazo que existe entre sectores de la estructura priista local.
El problema para la dirigencia estatal y nacional es que el respaldo de las cúpulas no necesariamente se traduce en respaldo de las bases. Tadeo llega nuevamente al cargo sin haber demostrado, de acuerdo con las voces inconformes dentro del partido, capacidad para conservar y fortalecer la estructura que recibió, mientras importantes liderazgos y militantes terminaron relegados o alejados del tricolor.
Uno de los mayores cuestionamientos apunta directamente al uso que habría hecho de la dirigencia. Priistas inconformes le reprochan que, lejos de utilizar el cargo para reconstruir al partido, habría aprovechado su posición para impulsar intereses personales, particularmente al colocar a su pareja sentimental en la única regiduría que el PRI consiguió en el pasado proceso electoral.
La decisión habría profundizado el malestar entre las seccionales, que hoy cuestionan lo que consideran una conducción marcada por la ambición política y el beneficio de un reducido grupo. El descontento, aseguran voces del propio priismo, no es nuevo, y se habría acumulado precisamente por la manera en que fueron tratados diversos cuadros durante su anterior etapa al frente del partido.
Mientras Tadeo habla de territorio, unidad y de “Seguimos Caminando”, la realidad que enfrenta el PRI es mucho menos alentadora. El partido perdió presencia, estructura y liderazgos, ni siquiera habría logrado mantener una sede fija para su operación municipal. Difícilmente puede hablarse de reorganización cuando las propias bases cuestionan al dirigente que tendrá la responsabilidad de reconstruirla.
La presencia de Alejandro Moreno y Pepe Yunes en Xalapa puede funcionar como fotografía política, pero no resuelve el problema de fondo: la fractura entre la dirigencia y las bases que deberían sostener al partido en territorio.
Ahora, el verdadero desafío no será organizar ceremonias ni proclamar el regreso del PRI, sino convencer a una militancia que ha visto cómo el partido pierde espacios y cómo algunos de sus antiguos liderazgos han sido desplazados.
Tadeo recibe una enorme carga de cuestionamientos. No tendrá que demostrar que sabe tomarse la foto con las cúpulas, tendrá que demostrar que puede recuperar a las bases que, según sus propios compañeros de partido, dejó de lado.
El PRI podrá llamar “reordenamiento” a su decisión, pero en Poza Rica la pregunta es otra, ¿están reconstruyendo al partido o simplemente reciclando a quienes ya demostraron que no pudieron sostenerlo?
