Tihuatlan, Ver.- La certificación a huertas con cultivos orgánicos se ha vuelto un simple negocio que provoca el encarecimiento de los productos, e inclusive dificulta que los campesinos conviertan sus cultivos a ese esquema.
Amanda Macías Caballero, productora orgánica, indicó que los productos con certificación se venden en tiendas y mercados a un elevado precio, precisamente por lo caro que resulta obtener la certificación.
“Los productos orgánicos se venden caros por la certificación, que se ha vuelto un negocio. A nosotros nos cobraron 50 mil pesos para obtener una certificación orgánica de mandarinas y naranjas, pero realmente es un negocio, los certificadores ya no van al campo, solamente hacen preguntas y cobran cada año 20 mil pesos por renovar la certificación, y al final la paga el consumidor”, explicó.
Señaló que por ello en la granja Kokopelli, ubicada en el ejido Nuevo Progreso y donde siembran diversos productos, decidieron establecer lo que ellos llaman “certificación comunitaria”, es decir, no pagar por un documento, sino que los mismos consumidores pueden visitar las zonas de cultivo para verificar que se trata de producciones orgánicas, con lo cual logran vender a más bajo precio.
“Adoptamos el esquema de agroecología, con producción para venta y consumo local, no necesitamos vender más lejos, mejor de manera directa al consumidor y en fresco”, concluyó.
