El presidente del Consejo de Protección y Salvaguarda del Ritual de los Voladores de Papantla, Narciso Hernández Jiménez, murió infartado al interior del Parque Temático Takilsukuth, cuando realizaba trabajos de plomería en una de las áreas del parque.
Los hechos se registraron cerca de las 15:00 horas, exactamente a un mes de que inicie la XX Edición de Cumbre Tajín.
Don Narciso, de oficio plomero, al momento de que se infartó realizaba trabajos propios de su labor, pero toda su vida fue Volador y defensor de este milenario ritual. Gracias a él y a otra persona, la UNESCO reconoció este ritual como patrimonio inmaterial de la humanidad.
Con muchos años de lucha por la dignificación de los exponentes del ritual más importante de América Latina, Don Narciso murió a la edad de 68 años. Otro de sus oficios era la plomería, y precisamente trabajaba en esa área al momento de su fallecimiento.
Después de un informe oficial, se acabaron las especulaciones en cuanto a la muerte de este respetable y querido Volador, quien en varias entrevistas mencionó que hasta el último día de su muerte quería ser un volador. Durante los días previos a esta muerte, causada por un infarto fulminante.
Don Narciso, en una de las últimas entrevistas que dio, lamentó tener que peregrinar para conseguir recursos o ser incluidos como grupo en festividades como Corpus Christi, pues administraciones municipales muchas veces preferían a «los libres», porque no cobraban mucho.
El oriundo de San Lorenzo Tajín, una de las comunidades más emblemáticas de Papantla, siempre luchó por la dignificación de los Voladores de Papantla, pugnó por sus derechos y un mejor trato ante cualquier instancia de gobierno, o presencia de quien visitara esta milenaria, mística y basta región cultural.
Al momento de que se dio a conocer la noticia se regó como pólvora, se presumía que un volador había muerto al caer de un andamio, pero después se desmintió y no fue así, sino que don Narciso se desplomó cuando realizaba labores de plomería cerca de un vainillal, posteriormente llegaron elementos de diferentes corporaciones policíacas para tomar conocimiento del hecho, así como elementos de la FGE.
NO ES EL ÚNICO VOLADOR MUERTO EN EL TEMÁTICO
En la VII edición del Festival Cumbre Tajín, 2006, en tiempos de Fidel Herrera Beltrán, se presentó otra tragedia y fue el 20 de marzo de ese año cuando el caporal de la Danza de los Voladores de Papantla y dirigente de los ancianos totoancas de Zozocolco de Hidalgo, Jesús Arroyo Cerón, perdiera la vida cuando concluía con el ritual del mediodía.
El accidente ocurrió a las 12:40 horas en la llamada Plaza de la Danza, del parque temático Takilshukut, donde se desarrollan las actividades del festival Cumbre Tajín 2006 y a pesar de que fue recogido con vida el golpe con el suelo fue letal, porque las vísceras le estallaron, además tuvo traumatismo craneoncefálico, murió horas después en un hospital de Poza Rica.
Por otra parte en la XVII edición de Cumbre Tajín, en el 2017, el 12 de marzo aproximadamente el niño volador Juan Enrique Villanueva Sosa, de 14 años de edad, vecino de la comunidad de Ojital Viejo, perdió la vida 8 días antes del inicio del festival.
El pequeño Juan Enrique salía de sus clases, se dirigía a su casa, pero al cruzar la carretera, frente al parque Temático, un autobús lo atropelló y murió minutos después, tirado en la cinta asfáltica, sin embargo la atención llegó demasiado tarde, el niño aún respiraba, pero producto del fuerte impacto murió.
De manera coincidente estos 3 voladores han muerto en vísperas de Cumbre Tajín o bien en el pleno desarrollo de la misma, el festival de la identidad ha cobrado vidas.
Por otra parte en diciembre del 2013, cuando se llevaba a cabo la inauguración del parque ecológico Kiwigkolo, otro volador cayó y murió al instante por el fuerte impacto que sufrió al estrellarse su humanidad contra el piso el hombre-pájaro respondía al nombre de Nicolás San Martín García, quien era caporal del grupo y tenía 52 años de edad.
Este deceso se dio frente al entonces presidente Jesús Cuauhtémoc Cienfuegos y ante decenas de personas, quienes quedaron atónitas por lo ocurrido, lo que era un espectáculo terminó en una tragedia. Este es el riesgo y el precio que pagan los hombre-pájaro, los hombres que miran al sol de cerca y tocan el cielo con la flauta y tambor, cubiertos bajo el ritual milenario que distingue a Papantla.
