Quién sabe si Mamoudu Gassama, maliense de 22 años, adquirió en la valla de Melilla la destreza y la determinación que le convirtieron en el héroe de la semana. Un olimpo donde los sin papeles rara vez tienen hueco. Trepó cuatro pisos en medio minuto para salvar a un niño francés, más o menos el doble de lo que mide la triple verja que separa África de Europa. La reacción del presidente Macron, atento a lo que se cuece en las redes sociales, fue veloz. En menos de 36 horas, un endomingado Gassama llegaba al Elíseo. El jefe del Estado le ofrecía la nacionalidad y trabajo.
La admiración por este Spiderman y su hazaña inundó las redes y resonó una pregunta: ¿hay que ser un héroe para que Europa te abra una puerta si eres un inmigrante pobre? El caso de Gassama tiene precedente. Francia ofreció la nacionalidad en 2015 a otro héroe africano. También maliense. Era un dependiente musulmán del supermercado judío que ocultó a seis clientes en una cámara frigorífica para que los terroristas no los mataran. Escribió un libro titulado Yo no soy un héroe.
