Lugar de la última batalla entre mexicas y españoles. Sede de la iglesia de la Conchita, donde a Cuauhtemoc le quemaron los pies y lo aprisionaron. Tepito lleva en su historia la marca de la tradición. Un barrio bravo y guerrero, símbolo de resistencia. Y para muestra basta un ejemplo: en la época de la invasión estadounidense de 1847, los barrios de Tepito, Mixcalco y Candelaria de los Patos intentaron diezmar al ejército de Winfield Scott, mientras el resto de la capital se doblega.
El origen de Tepito se remonta a la fundación de México, pues no es casual que el nombre del barrio y el de la ciudad, contengan tres sílabas y mismo orden de sus tres vocales. México y Tepito surgieron de islotes y solares nativos fundacionales, cuya toponimia se fue conformando fonéticamente hasta concretarse en la ciudad y en el barrio más emblemáticos de la nación mexicana.
La desidia de la historia oficial, siempre ha omitido referir el acontecer barrial de Tepito tan cargado de grandes y pequeños acontecimientos ásperos y uno que otro acierto material que incomodan a los que dominan y quienes «inventaron el choro del policía que decía: Te-pito cuando vea otra vez al ratero ese…» Antonio Caso y R. H. Barlow, hicieron la reconstrucción de los barrios prehispánicos gobernados desde Tlatelolco.
Y en lo que hoy es Tepito, Peralvillo y La Lagunilla, se mencionan: Coyonacazco, Amaxac, Atenantitlan, Tequipeuhcan, Mecamalinco, Teocaltitlan, Apohuacan, Tlaconcalco, Atenantitech, y Yacaculco; cada cual con su glifo.
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