El cronista y su comunidad
Víctor Hugo Valencia Valera
victor_valencia@inah.gob.mx
El registrar y contar hechos de la vida cotidiana de pueblos y comunidades, es un oficio que se va haciendo con los años o bien, se nace con ese gusto y con el paso del tiempo se va convirtiendo en un gozo, por el simple gusto de compartir pláticas sobre personajes, fiestas, sucesos, hallazgos, encuentros, etc., etc., particularmente de la propia comunidad, la del origen o arraigo domiciliario de quien hace la crónica; gozo que, en muchos casos, se convierte en un oficio, el de ser cronista, y en un proyecto de vida.
En todas las comunidades, grandes o pequeñas, siempre habrá por lo menos uno o más de un cronista que haga, por voluntad intrínseca, la apropiación del oficio de contar y registrar historias y que, tan sólo por compartir una o muchas, se va ganando un espacio social que la propia comunidad le va dando o confiriendo, con la autoridad moral que una sociedad otorga a quien se interesa por ella, sobre todo si le ha visto nacer o, viniendo de fuera, arraigarse en ella.
Se ha dicho que reconocer la propia historia y valorar nuestro origen es el arraigo de la identidad, que nos da a los hombres el orgullo de ser y recrearnos a nosotros mismo, con el espíritu de trascender y entender nuestra naturaleza, para lo cual la crónica permite la socialización que se convierte en testimonio y luego en historia. He aquí el sustento sublime del quehacer del cronista.
Es por esta relación del hombre con su sociedad que el oficio del cronista nace y se desarrolla a partir de la relación y el interés por registrar los hechos que ocurren en su entorno, ya sea porque le inquieta lo desconocido o porque el consignarlo lleva consigo el interés de descubrir o aclarar interrogantes y, claro, de compartir las respuestas, que, al pasar el tiempo, se convierten en una referencia e, incluso, en una fuente informativa que puede ser única o que se va transformando en cuanto a la vivencia o desarrollo de un pueblo o comunidad, donde se vio y registro dicho hecho, caso, suceso o acción, que el tiempo va ubicando en la historia social y comunitaria. Esto ha sido y sigue siendo parte hoy, en el siglo XXI, del origen del cronista como contador de historias.
Como oficiantes del gusto de relatar historias, los cronistas llevan consigo ese espíritu comunitario que, de manera indisoluble, les otorga un lazo social para hacer de sus testimonios, relatos, escritos e, incluso, sus búsquedas testimoniales y orales el vínculo de querencia que le demanda el hablarle, platicarle y escribirle a esa sociedad o grupo a quien le transmite y explica las razones y sustentos de ese quehacer y esa razón para contarle y 2 escribirle al otro, a los otros y a todos nosotros, lo que el tiempo va registrando como “la crónica” de esos sucesos comunitarios.
Se debe a estas razones de vínculo obligado y de vínculo social que la relación de un oficiante que hace o le gusta hacer crónica, se convierta en una relación en la que el cronista siempre tendrá o habrá de tener una comunidad a quien dirigirse y en donde la comunidad lo recibirá o le acogerá cuando el oficiante va construyendo esas historias que, por sí misma, la comunidad se apropiará o rechazará, cuando no exista vínculo que sustente lo platicado o escrito.
También es cierto que hay muchas maneras y estilos de hacer crónica. Existen los cronistas que escriben y hacen relatos con sustentos documentales combinados con testimonios escritos u orales; otros son verdaderos registradores orales, cuentistas o cuenteros, que parten de haber sido testigos de un hecho o de haber conocido, incluso, personalmente, sitios, hechos, casas, parques, parajes, personajes, etc., los cuales trascendieron por algún motivo especial para su pueblo o comunidad.
Por lo regular, de uno u otro tipo, los cronistas, jóvenes o adultos, son o han sido excelentes conversadores. Y sean cuales sean las variantes para escribir o hacer crónica, lo más importante es ese gusto por hacer y recrear este oficio y por el orgullo de ser generadores de vida histórica y también fuente de información para otros quehaceres sociales.
El oficio de cronista está íntimamente ligado a las raíces familiares, independientemente de los niveles sociales en donde éste se desarrolle o genere su formación profesional, pues es claro que un cronista primero ubica su origen y lo revive toda su vida como referencia innata para poder contar la vida que le brindan los entornos naturales y las vivencias de su pasado familiar como primera referencia básica de lo que encontró o busca explicar, informar y detallar.
Es así que el oficio de cronista se va construyendo con méritos propios, sean éstos los de un oficiante empírico o uno con alguna formación profesional, lo importante es que su vínculo con la sociedad o comunidad a la que se dirige sea y siga siendo motivo de su escrito, relato o registro. Y que éste sea siempre el elemento que le dé razón de ser para tener a quien contar y con quien recrear su historia, ya sea pasada, presente y aun futura. Cuernavaca, Morelos, febrero del 2025.













