Antes, no era necesario que las personas tuvieran apellidos. Conoce el curioso origen de los apellidos en México.

De seguro te has preguntado de dónde salió el apellido de tu familia. Pero, si no haz investigado el origen de los apellidos, no te preocupes, aquí te decimos todo lo que quieres saber.
Un poco de historia europea
Quizá suene un poco sorprendente, pero hace mucho tiempo las personas no tenían apellido.
Por ejemplo, aunque la idea del apellido se extendió por Europa desde tiempos del imperio romano, no era obligatorio.
Esta práctica se extendió primero por España entre los siglos IX y XVI, y se llevó a América tras la Conquista.
De hecho, fue hasta 1870 que en España adoptó legalmente el sistema para apellidar a las personas, con el paterno y el materno.
¿Eran necesarios los apellidos?
En un principio, no.
En la antigüedad, si querías distinguir a una persona de otra, se recurría a sobrenombres o al lugar donde vivían.

Pero, conforme la población fue creciendo y los nombres se repetían cada vez más, se volvió indispensable.
Así, surgieron diferentes formas de distinguir a un Juan de otro, mismas que te presentamos a continuación.
Por el lugar donde vivían

Como comentamos, una de las primeras formas de diferenciar una persona de otra era por el lugar donde vivían.
A éstos se les conoce como apellidos toponímicos, que es una ciencia que estudia el origen de los nombres propios de un lugar.
Así surgieron apellidos como Bosques, Arroyo, Cuevas, Lagos, del Valle, Prado, Del Monte, Rivera.
De igual forma, los que tenían que ver con la ciudad en la que vivían, como Ávila, Toledo, Madrid o Morelos.
Por características arquitectónicas

Si en determinado sitio seguía habiendo muchas personas con el mismo nombre, se podía recurrir a alguna característica cercana a su casa.
De este tipo son los apellidos Iglesias, Capilla, Torres, Fuentes, Puente, Palacios o Torres.
Por alguna característica física

Además, se podía recurrir a alguna característica física para darle el apellido a alguien.
En esta categoría se ubicaron apellidos como Delgado, Rubio, Moreno, Blanco, entre otros.
Por su personalidad

Una persona también podía recibir su apellido cuando lo relacionaban con algún tipo de comportamiento.
Tal es el caso de los Cortés, los Amor o los Alegría.
Por su profesión

Otras de las palabras favoritas para convertirse en apellidos fueron las profesiones.
De ahí surgieron apellidos como Labrador, Herrera (variación de herrero), Cordero, Guerrero, Escudero, Zapatero o Carpintero.
Los “hijos de…”
Pero, ¿de dónde surgieron los apellidos terminados en “ez”?, se pueden preguntar.
Pues es parte de los apellidos “patronímicos”, y es un sufijo que significa “hijo de”.

Estos son de los más populares entre los mexicanos y españoles: Rodríguez, Fernández, Martínez, Jiménez, González, etc.
Así, un Velázquez era hijo de Velasco; un Domínguez era el hijo de Domingo, o un Ramírez, el hijo de Ramiro.
Particularidades sobre los primeros apellidos
Pero, en un principio, los apellidos no se pasaban de generación en generación.
El hijo de Rodrigo Torres era Álvaro Rodríguez, pero su nieto, el hijo de Álvaro, sería Martín Álvarez, y no Rodríguez.
El curioso caso de América
Una de las primeras cosas que hicieron los españoles en su llegada a América fue bautizar a los antiguos mexicanos.
Ellos tenían la costumbre de ponerle apellidos españoles a quienes se convertían a su fe.
Pero, además, todavía hasta el Siglo XX se cree que había quienes vendían apellidos entre los mexicanos.
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