Pocos futbolistas mexicanos han tenido una clase excepcional como la tuvo Carlos Calderón de la Barca Perea, jugador súper dotado por Dios que militó en el legendario equipo de futbol Poza Rica FC, de la Segunda División, quien llegó precedido de una gran fama después de haber participado en el Mundial de Suecia 1958, además de jugar en el equipo del Atlante, de la Primera División. Jugador que derrochó inmensa clase en el césped de los estadios internacionales y nacionales, quien se convirtió en un ídolo indiscutible en esta ciudad en la década de 1960. Hace unas semanas se fue de este mundo y se lamenta su pérdida, pero es justo decir que solo muere en este mundo a quien olvidamos. Calderón de la Barca nació en la Ciudad de México, en la legendaria colonia Álamos, el 2 de octubre de 1934. Comenzó a jugar en el equipo Atlante, de su barrio, ya que su ídolo fue Horacio Casarín y sus colores favoritos los azulgrana del Atlante.

 

Pronto llamó la atención de sus compañeros y entrenadores que lo llamaban de manera constante para jugar en varios equipos, hasta que un día fue llamado para formar parte del equipo del Distrito Federal en 1952 para jugar en un nacional juvenil, agradando a los buscadores de prospectos, al ser un jugador de muchos goles, donde reveló una calidad natural en el campo y ahí brilló hasta ser seleccionado nacional en la categoría juvenil. A la edad de veinte años fue seleccionado para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1954, además de la segunda Copa Panamericana de futbol que se llevó cabo en la Ciudad de México en 1956, e integró dos años después la selección mexicana en el Mundial de Suecia 1958, portando en la espalda el número 9, compartió alineación junto a Carlos González Cabrera y Alfonso “El Pescado” Portugal, quienes serían sus compañeros en la Segunda División con el temible equipo Poza Rica FC en el año de 1958. Debutó con el Atlante en la máxima categoría del futbol mexicano. En la temporada 1958-1959 el potente equipo de Poza Rica FC debuta en la Segunda División, plagado de jugadores de primer nivel, que entre ellos sobresale la imagen de Calderón de la Barca, al declinar ir a España a jugar con el equipo de Valencia. Después de dos temporadas Carlos Calderón regresó a la Ciudad de México junto con Alfonso Portugal, adquiridos por el Club América, de la Primera División, y en la transferencia llegó a Poza Rica Armando de Paredes Valle. Su paso por el club americanista fue efímero y regresó de nuevo a la Segunda División, ya que lo pidió como refuerzo el Sr. Octavio Vial para reforzar al equipo de Universidad, toda vez que a este equipo lo integraban solo estudiantes de la institución educativa y no se le permitía aspirar al ascenso del máximo circuito mexicano.

 

El equipo estudiantil había debutado el 1 de julio de 1952, apenas unos meses previos a la inauguración del Estadio Olímpico Universitario, que ya se había constituido en el Alma mater y el centro del saber, la ciencia y la cultura de nuestro país. Poco después se adoptó el mote de Pumas y el estadio fue inaugurado el 20 de noviembre de 1952, donde los Pumas crearon su guarida. Por diez años el equipo militó en la Segunda División, integrado por jóvenes estudiantes de distintas carreras. Después del debut del equipo de Poza Rica FC en 1958, Carlos Calderón de la Barca visitó el Estadio CU jugando en contra de los universitarios, con el triunfo para los petroleros. Con el plantel netamente lleno de académicos y refuerzos de Lorenzo García y Carlos Calderón de la Barca Perea, la UNAM inició la temporada 1961-1962 con grandes expectativas, pues se mantuvo en la punta alternándola con los equipos de Poza Rica, Orizaba y Ciudad Madero, donde cada equipo tuvo batalla feroces durante la campaña para mantener la supremacía, en una liga que solo otorgaba el título y el ansiado ascenso al equipo que consiguiera más puntos. Llegó la última fecha del torneo el 9 de enero de 1962, el equipo estudiantil recibió al colero Cataluña, equipo que jugó en Torreón, Coahuila, donde el resultado fue escandaloso, los Pumas golearon 5-1, Carlos Calderón de la Barca colaboró con dos goles y alcanzó el título de goleo con veintinueve anotaciones, que fueron fundamentales para la exitosa campaña. En la temporada 1961-1962, los universitarios se presentaron en el máximo circuito el 1 de julio de 1962, donde su debut fue contra el América. En aquel histórico día para los Pumas la alineación fue Ignacio Martínez, Alfredo Zenteno, Carlos Gutiérrez, Ouracy das Chagas, Raúl Chanes, Alfredo Echávarri, Guillermo Vázquez Mejía, José Antonio “Espátula” Rodríguez, Carlos Calderón de la Barca, Lorenzo García y Babá, el entrenador fue el Sr. Octavio Vial, quienes vestían el uniforme con los colores azul y oro; lamentablemente Carlos Calderón de la Barca tuvo diferencias con su entrenador y solo jugó cinco juegos, para pasar a Poza Rica FC.

 

Calderón de la Barca fue dueño de una admirable calidad futbolística, su imagen exhibía la figura de un crack de gran clase, al tocar el balón enunciaba la estampa de un futbolista dotado para este deporte, fue de esos jugadores de lentejuelas que brilló por mucho en el equipo. Carlos fue parte de la alineación más temible del futbol de la Segunda División en la década de 1960, esa alineación que soñaban algunos equipos de Primera, que formó con Carlos González Cabrera una de las duplas futbolísticas más efectivas en el futbol mexicano, considerada por don Fernando Marcos, el comentarista crítico y reconocido de su tiempo, como la dupla más letal por varias décadas, junto a otros ídolos, como se recuerda al robusto capitán petrolero y corpulento defensa Armando de Paredes Valle, símbolo del equipo pozarricense por muchos años, quien vive en la memoria de los aficionados. A aquel inolvidable equipo de ensueño de Poza Rica FC llegó un astro que se llamó Carlos “La Gacela” González, quien había jugado en el equipo llamado Los Chongos, de Zamora, Michoacán, su tierra natal, donde pasó de ahí al Atlas, de Primera División. Carlos González tenía las cualidades técnicas de un crack, tenía gran velocidad, buen rematador de cabeza y una gran capacidad para definir, en su paso por el Atlas se le llegó a comparar con el ídolo nacional y de Chivas, Héctor Hernández; junto a Calderón de la Barca, otro fenomenal crack, hicieron una mancuerna muy explosiva, que no existió defensa alguna que los contuvieran y no se salvaban de recibir goles, ambos tuvieron la virtud de formar parte de la selección nacional con la etiqueta de jugadores finos. Uno y otro formaron una dupla goleadora que fue sumamente temida en el futbol, Los Carlos horadaron redes en todos los estadio en que jugaron, en el Campo Merino fueron ídolos en toda su vida futbolística, que hacían vibrar semana a semana a los aficionados pozarricenses en las gradas, donde el gol fue su marca y por años se alternaron el título de goleo en la Segunda División. En el recuerdo quedan aquellas batallas en contra de la Jaiba Brava de Tampico y la Refinería Madero, estos últimos tenía en su alineación otra dupla muy temida formada por el gran Catarino Tafoya y Álvaro del Peral, que al final llevaron a los Orinegros de Ciudad Madero al máximo circuito del futbol mexicano en el año de 1965.

 

Encuentros que colmaron las gradas de seguidores con sentimientos encontrados por la gran influencia tampiqueña en Poza Rica. El legendario Campo Merino, icono deportivo que acogió las grandes proezas del equipo Poza Rica F C, fue testigo de las hazañas de Carlos Calderón de la Barca, sitio donde fue idolatrado, ya que sobre el césped de ese coloso siempre dio con dignidad su máximo esfuerzo en favor de la causa petrolera, por eso la afición lo distinguió como un ídolo de enorme magnitud, que al caminar por ese sitio renace el recuerdo del estruendo que salía de las gradas cuando Calderón anotaba gol, el coloso de la colonia Obrera cimbraba, las gradas vivían un regocijo muy especial. Con esas hazañas, la enorme calidad y clase de Carlos tomaba una dimensión muy fuera de lo común, no pocas veces salió en hombros de sus fanáticos, gestas que comprometió a Carlos Calderón de la Barca a cargar con honor el número 10, ese que portan en la espalda los únicos. Como no recordar a ese jugador de clase que derrochó talento, sudó las camiseta y regó el pasto de sudor de toda cancha que pisó, nació para el futbol y al paso de los años se consolidó en Poza Rica. Gracias, Carlos Calderón de la Barca Perea, nos heredaste muchas días de alegría. Cuando enfrentaba a una defensa porosa se daba un festín anotando goles, ya que Carlos Calderón de la Barca Perea fue un jugador letal, siempre hizo grande el nombre de su club, Poza Rica FC. Se percibió cada partido que debajo de su playera siempre estuvo un gran corazón, esa playera que al llegar al vestidor exprimía el sudor remanente que causaba su entrega íntegra por los colores guinda y blanco de los petroleros, uniforme que fue su gran pasión y tesoro, que portó con pasión.

 

Lamentablemente, Carlos Calderón de la Barca un día dejó Poza Rica, salió a Tampico en 1967, ahí jugó hasta que cumplió 33 años de edad y se retiró. Desde aquel momento ya no tuvo sueños, consiguió todo lo que probó, logró serlo todo y lo disfrutó, un hombre sereno, con carácter, afectuoso, empático con sus aficionados y familiares, con serenidad atendía las entrevistas y emotivo narraba las anécdotas que vivió dentro y fuera de la cancha, en el país y fuera de él, pocos, muy pocos topan ese techo. Formó una familia y el destino lo llevó a vivir en la ciudad de Puebla, donde disfrutó de muchos homenajes en retiro. Su ausencia en los Petroleros de Poza Rica dejó un vacío en aquella escuadra, que con solo nombrar a sus integrantes causaba pavor en los adversarios. Su salida de la alineación causaba nostalgia en la afición de la ciudad petrolera, se extrañó de la noche a la mañana el eximirse de ver cada catorce días en que el equipo de Poza Rica FC jugaba en el coloso de la colonia Obrera, no poder idolatrar a Carlos Calderón de la Barca, quien solo venía cada año que visitaba Tampico el césped del Campo Merino, pero poco a poco se entendió que no estaría más con los Petroleros de Poza Rica.

 

Años más tarde regresó a Poza Rica en par de ocasiones a juegos del recuerdo de los años dorados de Los Petroleros, como le decían al equipo local, y en esos dos juegos disfrutó del cariño que aún conservaba. Posteriormente fue recordado en aquella histórica alineación en el festejo de los cincuenta años del ascenso de Pumas a la Primera División. El 15 de septiembre de 2012 nos llevamos la triste noticia que dejó este mundo, un infarto le quitó la vida, pero no así su presencia, porque en este mundo solo muere aquel que se olvida. Dios cuida su alma y la historia sus hazañas. Hasta el cielo te enviamos un inmenso aplauso y deseamos que tengas una paz eterna. Hasta siempre, campeón.

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Por ALF