Las lluvias atípicas y las altas temperaturas han elevado la humedad de la miel, afectando su calidad y valor comercial.
Álamo, Ver.- El cambio climático continúa impactando a la apicultura en el municipio de Álamo, donde las lluvias atípicas registradas entre mayo y julio, así como las altas temperaturas, han provocado una caída cercana al 50 por ciento en la producción de miel y una disminución significativa en su precio.
Apicultores de esta región citrícola explicaron que el exceso de humedad ha incrementado el contenido de agua en la miel, reduciendo su calidad y dificultando su comercialización. Mientras al inicio de la temporada el kilogramo alcanzaba los 35 pesos, actualmente se paga entre 26 y 27 pesos.
Ante esta situación, muchos productores han decidido no vender su cosecha, ya que el precio no permite recuperar los costos de producción. En su lugar, prefieren utilizar la miel para alimentar a las abejas y fortalecer las colmenas ante una posible escasez de floración.
En el municipio existe un padrón aproximado de 150 apicultores, aunque algunos han abandonado la actividad debido a la baja rentabilidad. Otros comenzaron el traslado de sus colmenas hacia zonas de mangle en Tuxpan y Tamiahua, donde buscan mejores condiciones de floración mediante la renta de terrenos o acuerdos con propietarios.
Los productores señalaron que, cuando la humedad de la miel supera el 18 o 20 por ciento, esta puede fermentar, desarrollar hongos y dejar de cumplir con los estándares de calidad exigidos por el mercado.
Añadieron que el calor extremo también afecta a las abejas, ya que las obliga a introducir mayor cantidad de agua en las colmenas para regular la temperatura interna, lo que incrementa aún más la humedad del producto.
En Álamo se producen tres cosechas principales: la miel de cítricos entre febrero y abril; la multiflora de abril a junio; y una segunda multiflora entre noviembre y diciembre, cuando florece la llamada «campanita». Sin embargo, esta especie silvestre ha disminuido por el uso de agroquímicos, por lo que los apicultores exhortaron a establecer cercos vivos con plantas melíferas, como la chaca, para garantizar alimento a las abejas y preservar una actividad esencial para la polinización y la producción agrícola.
