Álamo, Ver.- Previo a la celebración del tradicional Día del Niño Perdido, decenas de vendedores de velitas se apropiaron ayer de diversas esquinas céntricas de la ciudad con el propósito de alentar a la población a preservar esta tradición, y a su vez para obtener pingües ganancias por la venta de sus productos.
Con pequeñas bolsas de nylon que contenían apenas una decena de velitas, los comerciantes ofrecían su mercancía al paso de los transeúntes… “de a diez pesitos, a diez pesitos”.
La tradición del Día del Niño Perdido se celebra aquí y en toda la región la noche del 7 de diciembre, para recordar el pasaje bíblico que narra el extravío del Niño Jesús, el cual había desaparecido de la vista de María y José.
Con las velitas encendidas al caer la oscuridad, la ciudad se ilumina con miles de pequeñas luces que titilan lo mismo en guarniciones que en banquetas, bardas y cercados de madera, todo con el propósito de ayudar a la madre y al padre del Niño Jesús a encontrarlo.
Todavía más, en los últimos años, fomentado por planteles educativos particulares, el parque central Benito Juárez se llena de familias que llevan a sus pequeñitos a exhibir sus carritos de madera, de cartón o de papel, los cuales portan sus velitas para iluminar el camino del hijo de Dios.
