Tlapacoyan, Ver.- Los restos del empresario y ex precandidato a la Presidencia Municipal de esta ciudad en el 2013, Antonio Diez Alarcón, aparecieron en una de las fosas clandestinas que se localizan en Colinas de Santa Fe, en donde se han encontrado al menos 281 cuerpos.
De acuerdo con información de la Fiscalía General del Estado, se confirmó el pasado jueves la identidad de los restos de Antonio Diez, convirtiéndose en el número 15 de los 281 restos de personas hallados en la llamada fosa más grande de Latinoamérica.
En vida, siempre intentó gobernar en el municipio de Tlapacoyan, desde el 2007, cuando perdió la candidatura. En aquel tiempo Erick Lagos le informó que el dedazo era para otro aspirante, pero el destino parecía sonreírle en 2013 cuando era casi un hecho su postulación.
En una de las crónicas de Tlapacoyan, que escribió Alfonso Diez, dice que a un año del secuestro de Toño Diez ese delito permanece impune, ya que tras un año y ocho meses después de haber sido plagiado Toño no aparecía.
Fue el miércoles 3 de octubre de 2012 cuando Toño Diez salió de su casa en Tlapacoyan, a las ocho y media de la mañana. No imaginó que su vida iba a caer en un acontecimiento inesperado y que ya no regresaría.
Salió acompañado por uno de sus empleados que ese día comenzaba a trabajar para él, Jorge Guzmán, con la intención de llegar al puerto de Veracruz para cumplir una cita en la plaza comercial Las Brisas, que se encuentra en la entrada del puerto.
Era prestamista. Presuntamente el crimen organizado le cobraba una cuota mensual para «dejarlo trabajar» y le habían advertido que se la iban a subir. Hasta ese momento era de cinco mil pesos mensuales. La de ese mes ya había sido liquidada por Andrés Hernández Hernández, uno de los empleados de Toño asignado al puerto para «trabajar los préstamos». Lo acompañaba Benito Marín, extrabajador de Toño.
Ese día quedó en verse con el enviado del grupo delictivo en Las Brisas para «arreglarse» respecto a la cantidad que ahora le querían cobrar. Toño llegó a la plaza en una camioneta Pointer Pick Up blanca que llevaba cargada de plátano y se metió al estacionamiento subterráneo para que nadie se diera cuenta del vehículo en el que llegaba. Dejó la camioneta en el subterráneo y a Jorge Guzmán, el empleado que lo acompañaba, al cuidado de la misma. Cuando subió para concretar su cita se encontró con que ahí estaban los otros prestamistas del puerto, reunidos afuera de una tienda de ropa conocida como JR.
Toño llamó por teléfono a Andrés y a Juan, sus empleados, para que lo encontraran ahí. Fue la última vez que lo vieron.
Familiares acudieron con todos los que pensaron que les podrían ayudar y se encontraron con los verdaderos amigos que sí lo hicieron y con otros que prometieron pero no ayudaron. Comenzó entonces el sufrimiento.
El jueves 4 de octubre acudieron los enviados de la esposa, amigos y familiares (cinco en total) a entregar el dinero solicitado por los secuestradores. Iban en dos vehículos. La cita era en la Central Camionera de Veracruz a las ocho y media de la noche.
Un individuo recogió el dinero en la puerta de la central y se fue a toda prisa. Pero no acabó todo entonces. Los secuestradores pidieron más dinero y se les entregaron otros dos millones para completar un total de cinco; además, exigieron los documentos de propiedad de la camioneta Pointer blanca en la que había llegado Toño y los de otra camioneta que también pidieron como parte del rescate: una modelo Tacoma, equipada con una cámara de infrarrojos muy cara. Solo unos cuantos estaban enterados de la existencia de tal cámara. Los secuestradores, sin embargo, sabían del dispositivo y volvieron a llamar a Tlapacoyan para que les fuera entregado.
El viernes 5 se les entregó la Tacoma y más tarde la cámara. Junto con lo anterior, se entregó a los secuestradores una caja con las pastillas que Toño tomaba para bajar la presión arterial, con la súplica de que dejaran que las tomara.
El viernes 5 de octubre, entre dos y tres de la tarde, fueron liberados los dos empleados que habían sido secuestrados junto con Toño. Los soltaron abajo de un puente de TAMSA, cerca de unas casas GEO, ubicado como a 10 ó 15 minutos de distancia del lugar en que los tenían encerrados.
La noticia fue que Toño no fue liberado y desde ese entonces la familia continuaba con su fatal angustia. Después de largos cinco años, los restos de Toño Diez, más conocido como “El Tigre”, aparecieron en una fosa junto a los restos de al menos 280 personas más, localizados por integrantes del colectivo “Solecito” desde agosto de 2016.
