Francia.- “Ya no podía seguir llevando este combate”, dijo Cocq, de 57 años, desde el Hospital Universitario de Dijon, donde fue admitido el lunes tras cuatro días de interrupción de su tratamiento y alimentación.
“Lo siento, pero necesito serenidad para partir en paz”, indicó en su página de Facebook, la misma en la que iba a retransmitir su ‘desconexión’ el pasado viernes hasta que esa red social le bloqueó el video en directo.
Cocq dijo a la AFP que podría volver a su casa “en 7 a 10 días”. “El tiempo para recuperarme un poco y poner en pie un equipo de hospitalización en casa”, apuntó.
Este activista del derecho a morir con dignidad tiene una enfermedad extremadamente rara que obstruye sus arterias y le causa un intenso sufrimiento. La dolencia no tiene nombre y hace que las paredes de sus arterias se peguen, provocando una “isquemia”, esto es, un paro o insuficiencia de la circulación sanguínea en un tejido o un órgano. El hombre había suspendido todo tratamiento y comida el viernes por la noche.
“Decidí decir basta”, explicó recientemente a la AFP este hombre, que sufrió nueve operaciones en cuatro años y es víctima de descargas eléctricas cada “dos o tres segundos”.
Mis intestinos se vacían en una bolsa. Mi vejiga se vacía en una bolsa. No puedo alimentarme, así que me ceban como a un ganso, con un tubo en el estómago. Ya no tengo una vida digna, relató.
Postrado en una cama, sufriendo un martirio debido a la enfermedad que le consume desde hace años, el hombre había apelado al presidente Emmanuel Macron, pidiéndole que le ayudara a morir y que autorizara un suicidio asistido por un médico.
El mandatario, no obstante, se negó a cumplir con su pedido. “Puesto que no estoy por encima de la ley, no puedo acceder a su demanda”, dijo Macron en una carta enviada a Cocq. “Con emoción, respeto su iniciativa”, afirmó no obstante Macron en su carta, que incluye una frase manuscrita: “Con todo mi apoyo personal y mi respeto profundo”.
El lunes por la noche, Cocq “sufría demasiado” y fue hospitalizado “después de una intervención de los servicios de auxilio”, explicó Sophie Medjeberg, abogada y vicepresidenta de la asociación Handi-Mais-Pas-Que, nombrada para asistirlo en el final de su vida.
Alain “está mejor; la lucha continúa, pero de otra manera”, dijo a la AFP Medjeberg el miércoles.
En contraste con otros países europeos como Bélgica o Suiza, la eutanasia activa -o el suicidio activo- están prohibidos en Francia.
La ley francesa Claeys-Leónetti de 2016 solo autoriza la sedación profunda para personas que se hallan a pocas horas de una muerte segura.
Aunque el propio Cocq se considera “en fase final desde hace 34 años”, no puede probar que su muerte es inminente, pero espera que su caso provoque un “electroshock” que permita “autorizar el suicidio asistido”.
El caso de Alain Cocq ha reavivado la polémica sobre la muerte digna en Francia, como ocurrió con Vincent Lambert, un enfermo en estado vegetativo que falleció en julio de 2019 tras recibir una sedación profunda, deseada por su esposa y un sobrino, y a la que se oponían sus padres.
Publicado por debate.com.mx
Twitter – @laopinionpr
Facebook – @LaOpiniónPozaRica
Youtube – La Opinión Poza Rica
¿Reporte y denuncia?
Si cuentas con imágenes o video que exhiban maltrato, abuso de autoridad, corrupción o cualquier acción inhumana. ¡Por favor, háznoslo saber!
– WhatsApp: (782) 219-94-02 <<< ¡clíck aquí!
– Por e-mail: denuncias@laopinion.net <<< ¡clíck aquí!


