Estados Unidos.- Donald Trump respondió a la subida de aranceles por parte de China con una batería de tuits amenazantes y una promesa. Responderá al reto de Pekín y, de paso, espera que las empresas de EE UU abandonen el país asiático y lo sustituyan por otros afines. Incluso mejor, anima a las grandes compañías estadounidenses a regresar a suelo patrio. Sus palabras, de una virulencia inusitada incluso para quién domina como pocos el arte del improperio, provocaron la caída de de Wall Street. En el momento de redactar estas líneas el Dow Jones caía un 1.96%.

«Nuestro país ha perdido, estúpidamente, miles de de dólares con China durante muchos años», escribió Trump, «Han robado nuestra propiedad intelectual a razón de cientos de miles de millones de dólares al año, y quieren continuar haciéndolo. ¡No dejaré que eso suceda! No necesitamos China y, francamente, estaríamos mejor sin ellos».

La violencia de la parrafada tiene que ver con la sorpresa de que China haya roto por su cuenta lo que a todas luces parecía una especie de tregua, pero también, o sobre todo, con la endeble proyección de los indicadores a medio plazo. La Casa Blanca, teme, justificadamente, que la economía dé muestras de fragilidad, con lo que eso supone de cara a las elecciones presidenciales de 2020.

Por si acaso Trump dejó muy claro quién cargará con las culpas. «Las enormes cantidades de dinero que China roba a Estados Unidos año tras año, durante décadas, DEBEN DETENERSE». Es justo entonces, aunque no concrete cómo, que «ordena a las grandes compañías estadounidenses que comiencen inmediatamente a buscar una alternativa a China, que incluya traer las fábricas a CASA y elaborar sus productos en los Estados Unidos», escribió.

Trump, que prometió responder a los aranceles de China, concluyó que quizá se trate oportunidad única para la economía de EE UU. De pasó aseguró que había solicitado a todas las empresas de paquetería que operan en América, y al Servicio Nacional de Correos, para que extremen su búsqueda de Fentanilo desde China («¡o en cualquier otro lugar!», añadió). Fue así que ligó la incipiente guerra comercial con China con la crisis de opiáceos que sufre el país estadounidense.

«El fentanilo mata a 100.000 estadounidenses al año. El presidente Xi dijo que esto se detendría, no lo hizo». Minutos antes, por si restaba alguna duda de la opinión que le merece el Gobierno Chino, se preguntaba quién es peor «enemigo» de EE UU, si el presidente Xi o el presidente de la Reserva Federal de EE UU, Jerome Powell, transformado en bestia negra en virtud de sus decisiones respecto a los tipos de interés.

En cuanto a China, enfatizó que, en su opinión, la economía asiática vive momentos de gran incertidumbre y que a su país puede y debe irle mucho mejor sin su compañía. Una aseveración que deja fuera el asunto de la deuda pública estadounidense, de la que China es tenedora destacada, y las complejas, laboriosas, ingentes relaciones empresariales, comerciales y financieras entre las dos potencias.

Horas antes China había anunciado que impondrá aranceles sobre importaciones de EE UU por valor de 75.000 millones de dólares (67.700 millones de euros), si el presidente de Estados Unidos aumenta las sanciones. Estos nuevos aranceles suponen pasar del 5 al 10%. El movimiento de China se produce después de que Estados Unidos desvelara su decisión de aumentar el 1 de septiembre los aranceles sobre 300.000 millones de dólares de productos chinos, incluidos los productos electrónicos de consumo, lo cual afectaría básicamente a todo lo que Estados Unidos compra de China. Trump después pospuso hasta el 15 de diciembre la implementación de más de la mitad de la última ronda de dichos aranceles para evitar afectar los bolsillos de la población de Estados Unidos durante las navidades y los canceló en algunas categorías.

«La decisión de China de implementar aranceles adicionales fue forzada por el unilateralismo y el proteccionismo de Estados Unidos», afirmó ayer el Ministerio de Comercio de China.

En un comunicado el ministerio aseguró que impondría aranceles adicionales del 5% o 10% sobre un total de 5.078 artículos de EE UU, Incluidos productos agrícolas como la soja, el petróleo crudo y los aviones ligeros. Los nuevos aranceles se implementarían en dos etapas: la primera el 1 de septiembre y la segunda el 15 de diciembre.

Pekín también restablecerá un arancel del 25% sobre las importaciones de automóviles de EE UU que había levantado a principios de 2019 en un gesto de buena voluntad, mientras los dos países intentaban negociar un acuerdo comercial. Los fabricantes de automóviles respondieron, advirtiendo que el impuesto pondría en riesgo los empleos estadounidenses. «Cuando China impuso inicialmente estos aranceles en 2017, las exportaciones estadounidenses de vehículos terminados cayeron un 50%», aseguró John Bozzella, en representación de los fabricantes de automóviles. «No podemos permitir que eso le vuelva a pasar a los trabajadores estadounidenses».

Estados Unidos ha tratado de minimizar las noticias sobre los nuevos impuestos. El asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, dijo a Fox Business News que las negociaciones comerciales con China continuarían a puerta cerrada. Dijo que las conversaciones entre los dos países estaban programadas y argumentó que los aranceles no estaban perjudicando a los estadounidenses. «Los mercados esperaban que China reaccionara a los impuestos anunciados por Trump a principios de agosto, ya que el Ministerio de Relaciones Exteriores de China advirtió que Pekín tomaría represalias. La guerra comercial entre las dos súper potencias sube un escalón más y hace temer por unas consecuencias impredecibles en un contexto mundial de contracción económica.

El Gobierno chino había anunciado hoy la imposición a partir del próximo 1 de septiembre de aranceles adicionales de entre el 5% y el 10% sobre 5.078 productos procedentes de Estados Unidos por un valor agregado de 75.000 millones de dólares (67.732 millones de euros), según ha anunciado el Ministerio de Finanzas de China.

La fecha de entrada en vigor de los nuevos aranceles establecidos por Pekín coinciden con las estipuladas por el Gobierno de EEUU, que entre el próximo 1 de septiembre y el 15 de diciembre gravará con un 10% adicional importaciones chinas valoradas en 300.000 millones de dólares (270.990 millones de euros).

En este sentido, el Ministerio de Finanzas de China ha señalado que «las medidas de EEUU han provocado la escalada de las fricciones comerciales y económicas entre China y EEUU, causando un gran perjuicio a los intereses chinos, estadounidenses y de otros países, además de haber amenazado gravemente los principios del libre comercio y el sistema multilateral de comercio».

El contraataque chino contempla la imposición desde el próximo 1 de septiembre de un arancel adicional del 10% sobre distintos productos como la carne de vacuno y cerdo procedentes de EEUU, mientras que se gravará con un 5% adicional las importaciones estadounidenses de soja o petróleo.

Asimismo, desde el próximo 15 de diciembre, China aplicará un arancel adicional del 10% sobre las importaciones estadounidenses de productos como el café, cítricos o diferentes clases de automóviles, mientras que comenzará a gravar con un 5% adicional a componentes de vehículos.

El pasado 13 de agosto, las autoridades estadounidenses acordaron retrasar al próximo 15 de diciembre en el caso de algunos productos, como teléfonos móviles u ordenadores portátiles, la entrada en vigor de los aranceles que gravarán desde el 1 de septiembre con un 10% adicional a importaciones procedentes de China por valor de 300.000 millones de dólares.

Crédito: La Razón

Por ALF