Transitar por el callejón Las Choapas, en la colonia Petromex de Poza Rica, Veracruz, es como regresar el tiempo varias décadas.
Ahí, entre veredas y escalinatas, se aprecian restos de viviendas de madera estilo California, con techo a dos aguas, pórtico y piso del mismo material que crujía a cada paso.
Al frente de las casas, en este sitio conocido como “Las Camillas”, se aprecia un cerco de madera en cuadros y cruces que protegía las entradas. Las ventanas aún tienen el llamado mosquitero, porque cuando fueron construidas se hablaba de plagas de insectos y casos de paludismo, enfermedad que diezmó a la población en aquellos años.
Hay mucha historia en este callejón que en uno de sus extremos tiene salida a la calle Pescantes, la que pasa frente a la Iglesia de Fátima, que en los años 70s también estaba construida a base de madera. Hoy luce muy diferente, con impresionante campanario de varios metros de altura y acabados de lujo.
En el artículo denominado “La Petromex, lo que el tiempo se llevó”, del periodista Joel García Cobos, presenta el testimonio de las señoras Lucia y Efigenia Sánchez Méndez, donde hacen referencia de cómo era la Petromex en el año de 1938.
Ahí, mencionan lo que podría ser el inicio de este callejón Las Choapas, “poco a poco fueron mejorando las viviendas, después de años de madera con techo de cartón, hasta llegar a las construidas de material; los empleados extranjeros vivían adentro del campo en casas bonitas, estilo California, con sus porchecitos, había una caseta de vigilancia y para pasar se necesitaba de identificación.
Ahí a la entrada de Pescantes, había un consultorio médico con su enfermera”, cita el texto publicado un 20 de noviembre de 2016, en el número 81 del suplemento cultural “Kaniwa, del periódico La Opinión de Poza Rica.
Sin embargo, a décadas de distancia, la situación es otra. Todas estas casonas están en ruinas, algunas desaparecieron y otras quedan en pie, muy dañadas, pero ahí siguen.
Todavía el año pasado un devastador incendio acabó con varias de estas añejas construcciones. Las que están de pie, poco o nada se puede hacer para restaurarlas.
Lo primero que se necesita son recursos. Como no cumplen con lo estipulado por el INAH, de contar con más de 100 años para que se les pueda restaurar, pues no hay dinero.
Todo parece indicar que esta parte de la historia de nuestra ciudad, declarada como municipio libre un 20 de noviembre de 1951, está destinada, irremediablemente a desaparecer.
Por: Pascual Hernández Hernández
Fotografías: Rafael Rodríguez Ávila










