Tezcatlipoca fue señor del fuego y de la muerte, representado en la iconografía prehispánica con una máscara negra sobre su cara y cargando en la mano un espejo humeante. Algunos americanólogos consideran que Tezcatlipoca es verdaderamente un dios todopoderoso y omnisciente, puesto que tenía tantas formas e interminable poder. Podía predecir el futuro con solo mirar su espejo de obsidiana. Conocía todas las acciones de los seres humanos, juzgándolos por ellas, muchas veces de forma severa. Sin embargo, era tramposo y podía cambiar de forma intempestivamente.
De acuerdo a algunas leyendas, Tezcatlipoca era hijo del gran dios Ometéotl en su primer aspecto de primera pareja divina: Ometecuhtli y Omecíhuatl, al igual que el dios serpiente emplumada Quetzalcóatl, el dios de la guerra Huitzilopochtli y el dios del renacimiento y la renovación Xipe Tótec. Como dios creador reinó durante la era mitológica conocida como el Primer Sol. La creación y destrucción de los cuatro soles o eras de la mitología azteca se basan en la lucha contínua entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl.
Tezcatlipoca, «El espejo que humea» -que llevaba puesto el espejo en lugar de un pie– era el dios supremo, el que estaba en todas partes, el que regalaba bienes y luego los quitaba. También traía dificul-tades. problemas, enfermedades. Era positivo y negativo, caprichoso y voluble.
Dice Sahagún (1969, 1: 44) de Tezcatlipoca: Era tenido por verdadero dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la tierra y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras,. enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos.
Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y por esto le llamaban Necoe Yáotl, que quiere decir sembra-dor de discordias de ambas partes; y decían él sólo ser el que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba; daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuando se le antojaba, por eso le temían y reverenciaban, porque tenían que en su mano estaba el levantar y abatir, de la honra que se le hacía.
El carácter .tan complejo y conflictivo de Tezcatlipoca se ve por sus diferentes nombres y atributos. Casi todos los cronistas coloniales lo mencionan y Sahagún habla del dios en varios libros de su obra. Sólo en el Libro VI del Códice Florentino , encontramos 360 nombres o maneras de dirigirse a Tezcatlipoca .
Asociado con la noche y el jaguar. Tepeyollotl, el jaguar relacionado con el eco y las cuevas, lleva el espejo humeante y el anauatl o pectoral diagnósticos de Tezcatlipoca, por eso se le considera un aspecto de éL Henry B. Nicholson (1971:412-413) ha descrito «el mayor de los mayores de sus dioses», como el Códice Magliabechiano llama a Tez-catlipoca, de esta manera: «Era el dios omnipotente, omnipresente, omnisciente, viril, siempre joven, ante quien todas las criaturas quedaron indefensas». Fue la calidad de poder total que más caracterizó a ese dios . De sus innumerables nombres, algunos eran las denomi-naciones que también daban a Ometéotl, la fuerza creativa divina, «Dios-Dos» o dual. En realidad se sincretizaban en algunos aspectos, ya que ambos eran supremos y regían los destinos de los hombres. Nichol-son hace hincapié en el terror, el pesimismo fatalista y la sumision de la gente ante Tezcatlipoca
Ya que el dios podía tomar muchas formas, algunos de los agüeros en el Libro v de Sahagún (1969, n: 26) refieren al dios como él es tanguia o fantasma, «que eran ilusiones de Tezcatlípoca», y quien lo vio de noche «había de ser muerto en la guerra, o cautivo». Este fin se podía contrarrestar al demandar al fantasma que le diera espinas de maguey, «que son señas de fortaleza y valentía», y así el hombre «había de cautivar en la guerra tantos cautivos cuantas espinas le diese». Cuando otras fantasmas llamadas tlacanexquim.aparecían de noche, y no tenían ni pies ni cabeza, «las cuales andan rodando por el suelo y dando gemidos como enfermo», se podía saber que eran ilusio-nes de Tezcatlipoca, que tenían la forma de un bulto de ceniza. Eran de mal agüero pero los hombres valientes los perseguían, los agarraban y no los soltaban hasta que los .bultos les dieran unas espinas. Si después de capturarlos, los hombres no los soltaban, los bultos les ofrecían riquezas y prosperidad. En estos agüeros se notan unas tradiciones que favorecen al Estado, que estimulan a los hombres a ser valientes en la guerra.
No todo era negativo en Tezcatlipoca, en su lado positivo era el primogénito de la pareja creadora, Ometecuhtli y Omecí-huatl, también llamados Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl, «Señor y Señora de nuestra carne (o mantenimientos)». Es decir, los primeros cuatro hijos eran cuatro aspectos del dios: 1) el Tezcatlipoca negro, el verdadero Tezcatlipoca, 2) el Tezcatlipoca rojo o Xipe Tótec, 3) el Tezcatlipoca azul Huitzilopochtli y 4) el Tezcatlipoca blanco, o Quetzalcóatl. Vemos estas divinidades en diferentes mitos:
En la historia de los Cuatro Soles o mundos, Tezcatlipoca regía el primero, 4-0célotl o Jaguar, cuando vivían los gigantes. Pero unos jaguares devoraban a los gigantes y así terminó este sol. Quetzalcóatl presidía el siguiente sol, 4-Ehécatl, que fue destruido por vientos huracanados. Tezcatlipoca y Quetzalc6atl, entonces, tenían aspectos de creadores y colaboradores desde los Cuatro Soles. Aunque no siempre eran amigos, en algunas ocasiones, sin embargo, trabajaban juntos. Tezcatlipoca y Quetzalcóatl también colaboraban en la reconstrucción de la tierra después del cataclismo que acabó con el Cuarto Sol. Según la Historia de los Mexicanos por sus pinturas (1973: 32), los dos dioses se transformaban en árboles para ayudar a levantar el cielo que se había caído. Como premio, el padre Tonacatecuhtli les hizo Señores del Cielo y de las Estrellas.
En otro mito, que se encuentra en la Bistmre du Mechique (1973: 108), estos dos dioses miraban a Tlaltecuhtli, Señor (o Señora) de la Tierra, desde un lugar alto. Tlaltecuhtli era una especie de cocodrilo-monstruo nadando en un mar de aguas prístinas. Tezcatlipoca y Que-tzalcóatl se transformaron en serpientes y entre los dos asieron al mons-truo y lo rompieron en dos partes. Una parte la subieron al cielo y la otra mitad quedó abajo. Los otros dioses entonces hicieron la tierra de lo que quedó de Tlaltecuhtli: árboles, flores y hierbas de sus cabellos; de su piel la hierba muy menuda y florecillas; de los ojos, pozos y fuentes y pequeñas cuevas; de la boca, ríos y cavernas grandes; de la nariz, valles y montañas.
Entre los otros muchos mitos acerca de Tezcatlipoca, Mendieta ( 1945, 1: 88) escribe que el dios descendió del cielo descolgándose por una soga que había hecho de tela de araña. Pensamos que esta idea puede ser muy antigua, ya que sobre la figura central de la pintura de Tepantitla en Teotihuacan, se está descolgando una araña, aunque es dudoso que en este caso haya sido Tezcatlipoca.
En esta breve visión de 10 que era el dios Tezcatlipoca en el mundo nahua, hemos visto que tenía aspectos positivos y negativos, que regalaba riquezas pero que las quitaba a su antojo, que causaba enfermedades pero también las curaba. Ya que era el dios supremo, que gobernaba el destino de los hombres, se entiende que estaba en todos lados, todo el tiempo. El hecho de que era omnipresente, que todo lo veía y entendía, que premiaba o castigaba las acciones humanas, quizá haya influido a los europeos al principio del siglo XVI, a pensar que en Tezcoco, donde Tezcatlipoca era la deidad más importante, existía una tendencia al monoteísmo, con un solo dios como en el cristianismo.
Sea como sea, Tezcatlipoca ha dejado su huella en la mitología y la religión del antiguo México, como símbolo del poder, del amor y el odio, de la reverencia y el temor, de la fuerza sobrenatural que vigila, premia, y castiga las acciones de los hombres en todo momento.
